Es temprano por la mañana en la región occidental de Eifel, en Alemania, y el sol de primavera levanta una ligera niebla sobre las montañas y las llanuras cubiertas de hierba. Un coche se abre paso en el tranquilo amanecer, pero de repente y deliberadamente pisa el freno. Algo ha llamado la atención del fotógrafo de paisajes Michael Schaake.
Deja su coche en medio de la carretera, sale de un salto y se dirige a una cantera, con su cámara Sony y su objetivo en la mano. Y apenas un minuto después, toma la imagen de un árbol solitario silueteado y vuelve a la carretera. “Cuando veo una fotografía, no me gusta andarme por las ramas”, explica. “Es la forma en que me gusta trabajar en mis paisajes. Quiero ser ágil y responder a la luz o al tiempo allí donde lo encuentre”.
Como su trabajo fotográfico se basa en la pasión por el aire libre y la naturaleza, alentado en lugares que van desde Sudáfrica hasta el norte de Noruega, gran parte de sus imágenes las obtiene en estos viajes o durante largas caminatas por la naturaleza, “donde de repente veo algo que me llama la atención”, continúa. “Es algo instintivo, y en ese momento ya tengo la imagen en mi mente, incluso hasta visualizo la edición, aunque obtenerla significa trabajar rápido”.
La primavera es una época en la que el clima y la luz cambian por segundos, y la faz del paisaje con ellos. “Siempre estoy contento en esta época del año”, sonríe, “porque es uno de los únicos momentos en los que se siente realmente el cambio de las estaciones. El calentamiento de la tierra trae nieblas y flores, y aunque la nieve se ha ido en las tierras bajas, todavía se ve en las tierras altas, lo que aporta un hermoso contraste. Además, el amanecer y el atardecer son mejores que en verano, y eso es estupendo porque, aunque soy fotógrafo paisajista, ¡detesto levantarme a las 3 de la mañana igual que cualquier persona!”.
Y aunque muchas de las imágenes de Michael están hechas de esta manera entrelazada y mezclada, es difícil de distinguir. No hay un aspecto HDR llamativo y antinatural: “Es simplemente una forma de tratar el contraste de la luz”, explica, “pero no es algo que quiera que se vea en la imagen. Siempre quiero que parezca real y no procesada en exceso”.
En su misión de capturar la toma perfecta de un paisaje, que en gran parte requiere practicar senderismo, Michael ha llegado a ser muy consciente del equipo que lleva consigo. “La Alpha 7R IV ofrece resolución de formato medio, rango dinámico y rendimiento de ruido en un cuerpo que es una fracción del tamaño”, dice, “por lo que es perfecta para situaciones en las que se necesita la máxima calidad pero poco peso. Y la velocidad de la cámara y la estabilización de imagen en el cuerpo son vitales para las tomas a mano que hago, trabajando con cualquier objetivo que le ponga”.
Parece que combinar el senderismo y los viajes con la fotografía ha tenido un efecto enormemente positivo en Michael, y su ligera Sony es una parte importante de ello. “Realmente ha cambiado mi forma de ver el entorno”, concluye, “y ha enriquecido mis viajes. Hoy sigo a mis propios ojos, en lugar de querer copiar las imágenes de otros. Sé que si encuentro alegría en la luz de una ladera o en el giro de una orilla, eso hará que mi amor por el paisaje llegue también a otra persona”.
«Vivir el momento y observar la espectacular belleza de la naturaleza puede ser una experiencia impresionante y muy personal. Al compartir mis imágenes, espero llevar a otros conmigo en este viaje»