mujer mejicana sentada con una guitarra en el regazo

Los ardel mezcal

Francisca Siza

Cuando te llevas una bebida a los labios, ¿te paras a pensar de dónde viene o quién la ha hecho? Lo mismo nos podríamos preguntar con muchas de las cosas que consumimos. Los alimentos, la ropa, las materias primas... y esta es la pregunta que inspiró el primer largometraje documental de Francisca Siza.

Como muchos grandes proyectos, comenzó casi por casualidad. Mientras trabajaba con el productor Gautier Heins en la realización de unos vídeos promocionales de una empresa de bebidas, conocieron a Yolanda Ruiz, presidenta de Mujeres del Mezcal y Maguey de México, una asociación que intenta mejorar la vida de las agricultoras y destiladoras de mezcal. Francisca y Gautier se quedaron inmediatamente fascinados con su historia, que hablaba de opresión y brutalidad, pero también de dedicación, conservación y esperanza.

mujer mejicana inspeccionando un gran barril de madera lleno de ingredientes © Francisca Siza | Sony α7S III + 28-70mm f/2.8 | 1/100s @ f/2.8, ISO 1600

“Constatamos que necesitaban una voz que diera a conocer esta historia al mundo”, dice Francisca, “y Gautier me invitó a dirigir un documental sobre el tema”. Lo que sucedió después fue un agotador pero inspirador rodaje de 30 días por todo México, y un proyecto que, según Francisca, cambió su vida.

“Ya desde el principio”, explica, “fue un proyecto muy entrañable para mí. Trata de la lucha de las mujeres por que se les reconozca su trabajo, plantea cuestiones sobre ecología y sostenibilidad, y formula preguntas fundamentales sobre la forma en que tratamos a las personas y los lugares que se encuentran en el otro extremo de la cadena de suministro en todo el mundo. ¿Nos importan lo suficiente como para cambiar la forma en que nos comportamos y brindarles apoyo?”

“El mezcal”, continúa Francisca, “es una bebida como el tequila. Ambas se elaboran a partir de plantas de agave. Pero el tequila se produce de forma industrial mientras que el mezcal suele ser artesanal y suele elaborarse de forma natural y muy tradicional. Gran parte de las personas que lo cultivan y destilan son mujeres, y luchan por conservar los métodos antiguos de producción”.

mujer mejicana sentada en un tronco tejiendo hebras de material vegetal © Francisca Siza | Sony α7S III + 28-70mm f/2.8 | 1/100s @ f/5.6, ISO 640

Pero, según nos explica, hay algunas tradiciones que es necesario cuestionar. “A las mujeres no se les permitía poseer marcas o fábricas de mezcal, por lo que ellas y sus familias apenas veían ninguna retribución por sus esfuerzos. A lo largo de un periodo de 20 años, esta asociación de mujeres luchó por conseguir mejores condiciones y derechos en el sector. Nunca se rindieron y, al final, lograron su objetivo, pero fue una lucha sin cuartel, en la que la vicepresidenta Luz María Saavedra sobrevivió a dos intentos de asesinato”.

Pese a que no se les ha reconocido ni recompensado durante mucho tiempo, las agricultoras del mezcal siempre han luchado por conservar sus tradiciones de fabricación, y esto incluye un sano respeto por el medio ambiente, nos confiesa. Es una postura más importante que nunca, dada la creciente popularidad y rentabilidad de la bebida.

mujer mejicana removiendo una olla con mezcal © Francisca Siza | Sony α7S III + 24-70mm f/2.8 | 1/100s @ f/2.8, ISO 640

"Hay que ser prudentes", prosigue, "porque el mezcal está experimentando un gran auge. En los dos últimos años, su popularidad se ha multiplicado por más de diez en los Estados Unidos. Por eso los defensores de las tradiciones temen que las grandes empresas lleguen a sus tierras y las cultiven de forma intensiva, sin respetar la ecología”.

“Eso es lo que sucedió con el tequila”, continúa. “La gente quiere comprar suministros cada vez más baratos. El tequila procede del estado de Jalisco y esas tierras se están muriendo por la sobreexplotación de las plantas de agave. Deberían tardar unos 10 o, a veces, 30 años en crecer hasta alcanzar el tamaño adecuado, cuando están en el punto en que se pueden utilizar para hacer un buen mezcal. Si lo haces bien, no matas las plantas que aún están por madurar solo para tener más producto”.

hombre cortando las hojas de una planta de agave © Francisca Siza | Sony α7S III + 28-70mm f/2.8 | 1/100s @ f/6.3, ISO 640

Para documentar la historia, Francisca también quería cuestionar algunos estereotipos típicos sobre México. “Este es un país muy dinámico y acogedor”, explica, “pero mucha gente tiene la imagen tópica que transmiten las películas y la televisión. Es decir, desiertos, ciudades y barrios pobres. Pero hay mucha belleza. Sea donde sea que mires, hay folclore y tradición, y colores bellísimos, especialmente en la ropa de las mujeres trabajadoras”.

“Para mí era importante capturar esos colores brillantes, esa belleza rural y el verdor de la naturaleza en todas partes”, continúa. “Y no quería ni necesitaba utilizar luz artificial o movimientos de cámara extravagantes para embellecer lo que estaba delante de mi objetivo. Era tan intenso que lo único que tenía que hacer era abrir el obturador y capturarlo”.

hombre y mujer a ambos lados de un gran barril de madera © Francisca Siza | Sony α7S III + 24-70mm f/2.8 | 1/100s @ f/3.5, ISO 640

También quería mostrar la amabilidad y generosidad de la gente que conoció. “Estaban tan emocionados de que alguien contase su historia que querían mostrárnoslo todo”, dice Francisca “Fuimos a lugares muy pobres y nos preparaban comidas y cenas, aunque a veces nos daban comida cuando no tenían para ellos mismos. Fue una experiencia muy humilde y emotiva. Por supuesto, probamos el mezcal que nos ofrecían siempre que podíamos. Es tan puro y natural cuando se hace de la forma correcta”.

En su viaje, Yolanda Ruiz estaba siempre acompañada por Francisca, Gautier y su equipo. “Viajó con nosotros durante los 30 días, mientras nos desplazábamos en aviones, autobuses y coches, durmiendo en la carretera o en el suelo donde acampábamos. Se convirtió en una inspiración de verdad para mí, más como una madre que una amiga. Tiene 20 años más que yo, pero su energía es ilimitada. Tiene mucha fuerza física y mental, y parecía conocer a todo el mundo. Fuimos a lugares peligrosos y no lo habríamos logrado sin ella”.

grupo de hombres trabajando en un gran montículo © Francisca Siza | Sony α7S III + 28-70mm f/2.8 | /1/100s @ f/10, ISO 640

También la acompañaba su equipo de Sony, principalmente la Alpha 7S III, pero también una Alpha 7 IV de Sony. Se usaron ambas tanto para instantáneas como para vídeos. “Como siempre estamos en movimiento, esas cámaras son perfectas para el trabajo. Son tan portátiles y de tal alta calidad que nunca dudé de que estaban captando la belleza de México y la personalidad de la gente que nos encontramos tal y como yo lo estaba viendo. Por supuesto, con funciones como su brillante modo S-Log3, la Alpha 7S III es conocida por su capacidad para vídeo, y muchos creen que eso significa que no sirve para instantáneas. Pero yo no creo eso en absoluto. Utilizo la 7S III para todo y hace unas fotografías magníficas”.

Tras finalizar el documental, lo hemos presentado en el circuito de concursos. Francisca también mostró previamente el material a las mujeres protagonistas. “Les encantó, aunque, como entrevistamos a mucha gente, algunas bromeaban diciendo ‘vaya, ¿por qué sale ella en la película más que yo?’ o ‘¿por qué no sale más mi marca?’, dice riendo. “Pero todo eso forma parte del cine, y todas se alegraron de haber podido compartir su historia”.

Sin embargo, la reacción más contundente fue la de Yolanda Ruiz. “Me envió un mensaje de voz, casi llorando de felicidad porque, por primera vez, su voz iba a oírse fuera de México. La película muestra cómo, al trabajar juntas, estas personas se han empoderado y han cambiado el statu quo en México”.

hombre delante de una decoración floral sosteniendo una espada © Francisca Siza | Sony α7S III + 28-70mm f/2.8 | 1/400s @ f/7.1, ISO 640

“Sobre todo, creo que aprendí lo privilegiados que somos en Europa, Estados Unidos y otros lugares prósperos”, concluye. “Hay gente en todo el mundo, con mucho menos que nosotros, y aunque siempre se levantan temprano y trabajan, y luchan, no tienen una vida como la nuestra. Estas son las personas que hacen las cosas que nosotros necesitamos o de las que disfrutamos como artículos de lujo. Necesitamos conocer sus historias para poder tener más empatía con ellas. Compartir ese conocimiento puede contribuir a un mundo mejor, y ese es mi propósito ahora”.

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