En la accidentada costa atlántica del noroeste de África, la península de Cabo Blanco es una inhóspita franja de casi 60 kilómetros de vertiginosos acantilados, afloramientos rocosos como cuchillos y extensas playas azotadas por el viento. Salpicada de naufragios y viviendas rotas y abandonadas, es una zona donde los seres humanos luchan por prosperar. Y seguramente por eso se ha convertido literalmente en un refugio para los animales salvajes, pese a su hostilidad.
Aquí es donde están reapareciendo las últimas focas monje del Mediterráneo, una especie prácticamente extinguida en las aguas que llevan su nombre. Irónicamente, allí donde los últimos rayos del atardecer invernal inciden cada día en el continente, Cabo Blanco está presenciado un nuevo amanecer para las focas. “El proyecto de conservación de la foca monje es el más largo y ambicioso jamás emprendido con una especie en peligro de extinción”, explica el fotógrafo Tony Peral, cuya tarea ha consistido en documentar las labores de los conservacionistas y sus hermosos animales.
“Desde finales de 2022 hasta principios de 2023, mi tarea consistió en ayudar a una ONG llamada CBD Habitat & Annajah a crear un banco de imágenes y vídeos de esta última colonia de cría”, continúa, “y obviamente fue una oportunidad extremadamente emocionante formar parte de este ambicioso proyecto”. Sin lugar a dudas, ha sido uno de los proyectos que ha cosechado más éxito en todo el mundo en términos de recuperación de una especie en peligro de extinción, un hito que ha requerido 20 años de duro trabajo”.
El proyecto se centró en asegurar y proteger unos espacios de cría y hábitats más amplios, gracias a medidas de control y vigiliancia, medidas de las que antes se carecía. “Hasta 2001”, explica Tony, “esta, la última colonia de focas monjes más grande del mundo, no tenía ningún tipo de protección. Los barcos de pesca arrojaban ilegalmente las redes delante de las cuevas donde se reproducían las focas, mientras que los arrastreros pescaban muy cerca de la costa, arrasando con todo, incluso con las focas”.
ׅ“En esta franja de costa hay abundante pescado y por eso, sin lugar a dudas, es uno de los mejores lugares de la costa atlántica para las focas a la hora de encontrar un suministro continuo de alimento”, dice Tony, “pero las focas solían criar de forma natural en los amplios arenales de la península. Se retiraron a las cuevas a causa de esta histórica persecución, confinándose en un entorno más peligroso y hostil para ellas, y donde la tasa de mortalidad de las crías de foca es muy alta”.
“Pero en 2001 se creó la reserva Seal Coast Reserve", continúa, “y con la colaboración de los pescadores locales, esto supuso la protección de las cuevas de cría en Cabo Blanco los 365 días del año. La ventaja de estas medidas es evidente, y hoy en día la colonia ha triplicado su tamaño, lo que significa que ahora podemos ir un paso más allá y comenzar a devolver las focas a las playas donde solían reproducirse”.
Aunque se están recuperando las focas en estas cosas, no se puede decir que Cabo Blanco sea un lugar ideal para la fotografía. “La península es, en el mejor de los casos, un entorno complicado”, confirma Tony, “pero trabajar en invierno y con la ubicación entre el océano y el desierto, nos puso a mí, a mis compañeros y a mi equipo al límite. Además, el terreno dificulta mucho encontrar ángulos desde los que trabajar. De hecho, la mayor parte del avistamiento de focas se realiza desde lo alto de los acantilados. La mayoría de los días trabajábamos con la arena del desierto azotándonos desde una dirección, mientras olas gigantescas golpeaban los acantilados de abajo”.
“También teníamos que recorrer kilómetros y kilómetros de costa para localizar a las focas que salían a pescar”, prosigue Tony, “y hacerlo desde el amanecer hasta el anochecer, para coincidir con su actividad. Esto se complicó aún más por el hecho de que trabajábamos en un lugar sin electricidad, lo que significaba que teníamos que desarrollar una estrategia tanto para que el equipo funcionara como para descargar y hacer copias de seguridad de los vídeos, porque grabábamos con vídeo 4K”.
La robustez del equipo Alpha de Sony fue vital para el éxito, afirma Tony, que utilizaba habitualmente dos cuerpos de cámara en el proyecto, “el primero un Alpha 1 y el segundo un Alpha 9 o un Alpha 7, dependiendo del tipo de trabajo que fuera a realizar. Mi objetivo principal era el FE 600mm f/4 GM OSS, que fue crucial para distinguir las focas desde lo alto de los acantilados, así como los zooms FE 100-400mm y FE 70-200mm. Puedo afirmar que es un equipo fotográfico del más alto calibre tecnológico. Constantemente azotados por el polvo, la sal y el viento cargado de arena, su rendimiento y resistencia fueron lo mejor que un fotógrafo de vida salvaje podía desear”.
A pesar de las duras condiciones, la costa seguía siendo un lugar mágico. “Conocer la historia de esta especie lo hizo aún más emocionante”, dice Tony. “Esta colonia se ha refugiado en un lugar tan remoto y apartado que realmente se puede apreciar la naturaleza salvaje e intacta hasta donde alcanza la vista. Es una combinación única en la que la hostilidad y la paz van de la mano”.
También fue un lugar que le inspiró para crear algunas imágenes sorprendentes. “Me gustan especialmente los primeros planos de las focas”, dice, “porque debido a su curiosidad natural, se asoman desde las profundidades y fijan su atención en todo lo que ocurre en la cima del acantilado. Pero también era importante para mí documentar el duro trabajo de los expertos que velan por la seguridad de las focas y su entorno. Pasamos tiempo con ellos en el campamento, y su compromiso es admirable. Su cometido es recorrer una y otra vez toda la superficie de la reserva y su colonia, identificando amenazas y verificando su buena salud”.
“También pasamos un tiempo captando las interacciones entre los pescadores locales y sus vecinas”, recuerda. “Con la ayuda del proyecto, que presta apoyo para desarrollar una forma de pesca responsable y sostenible, han llegado a respetar y aceptar las focas como un jugador más del juego”.
Este apoyo y esta educación solo pueden reforzarse con la fotografía, afirma Tony. “Ha sido muy importante documentar el proyecto desde todos estos puntos de vista diferentes: social, conservacionista, operativo, medioambiental, todo ello junto a las focas y sus cuevas de cría; y a través de estas imágenes y vídeos podemos ayudar a la gente a comprender la magnitud y los éxitos de un proyecto que, al estar en un lugar tan remoto, no podrían verlo de otro modo”.
“El proyecto de las focas monje continuará durante muchos años”, concluye, “y una vez se haya alcanzado un número adecuado de individuos en la colonia, se introducirán las focas monje en nuevas zonas donde puedan establecerse colonias de cría, con la esperanza incluso de devolverlas al Mediterráneo. He visto de primera mano cómo uno de los proyectos más dilatados en el tiempo para salvar una especie de la extinción puede florecer y crecer, y espero seguir implicado en el proyecto para poder seguir su evolución y documentarla con mis fotografías”.
“Creo firmemente en el poder que tiene la fotografía de la naturaleza para generar concienciación, y también creo que el fotógrafo que se dedique a la fotografía de animales salvajes ha de tener un compromiso especial con la naturaleza. En mi opinión, nuestro trabajo debe estar, de una forma u otra, estrechamente vinculado a la conservación de nuestro patrimonio natural”.