«A lo largo de mi trayectoria profesional, me han pedido muchas veces que fotografiara algo que no era lo mío" —afirma Kate Kirkman— "y, en muchas ocasiones, no he aceptado, pero la fotografía gastronómica siempre me ha parecido muy interesante. Es creativa y compleja, así que me encanta cuando me dan la oportunidad".
Kate, especializada en retratos, suele realizar sesiones de marca personal para clientes entre los que se incluyen chefs y nutricionistas. Si a esto le sumamos su formación en bellas artes y su buen ojo para los detalles, la comida encaja con ella a la perfección. Tanto es así que ahora también administra un sitio web de fotografía gastronómica, foodbylumiere.co.uk.
"Algo que me llama especialmente la atención", prosigue, "son las particularidades de la fotografía gastronómica. Aunque pueda parecer fácil, detrás ocurren un montón de cosas, tanto técnica como estéticamente. Cuando trabajas al más alto nivel puede haber un estilista de alimentos o de atrezo, pero normalmente te tienes que encargar tú mismo. La composición y la teoría del color son muy importantes, al igual que la iluminación. Algunas imágenes son sencillas, otras tienen una gran complejidad, y esto significa que, de un plato a otro y de un restaurante a otro, cada historia gastronómica es única".
Hace poco Kate trabajó en un proyecto para "un bonito gastropub llamado The Hundred. Este proyecto fue un ejemplo de cómo los creadores de alimentos influyen en cualquier sesión", explica. "Aunque tú quieras realizar las fotografías de una forma que refleje tu estilo, el chef o el estilista tendrán sus propias ideas. En este caso querían una gran simplicidad, sin nada en el encuadre que pudiera quitarle protagonismo a la comida. Además, querían utilizar las mesas y paredes del propio pub para conseguir una sensación de unidad".
Kate fotografió una serie de composiciones cenitales y ángulos más comunes, así como el interior del restaurante. Con respecto a las primeras, "el estilo de ojo de pájaro se ha puesto de moda y es probablemente el más importante en muchas tomas. Inunda las redes sociales y los motivos están claros: es atrevido y sorprendente, el fondo te lo da la propia mesa y puedes jugar con el encuadre de forma creativa. El único momento en el que no funciona es cuando la comida tiene altura", afirma riendo, "con lo cual, si fotografías una hamburguesa con muchas capas o una torre de gofres, tendrás que optar por otra opción".
"Para los planos de vista de pájaro utilizo mi Sony Alpha 7R IV con un equipo casero, que coloco encima de un par de soportes de luces. Ofrece más estabilidad y flexibilidad que un trípode. Fijo la cámara a una pantalla o a un ordenador portátil y compongo con esto, moviendo el objeto hasta que encuentro el lugar adecuado, en lugar de mover la cámara. Al pasar a un ángulo de visión más humano, de unos 20 a 45º, la cosa se complica, ya que entra en juego parte de la habitación y, por supuesto, todo lo que esté dentro del encuadre debe estar iluminado y estilizado", continúa Kate.
En lo que respecta al enfoque, Kate prefiere trabajar con la asistencia de enfoque manual de la Sony Alpha 7R IV. "Muchas veces utilizamos cálculos de profundidad de campo para averiguar qué partes del objeto deben quedar nítidas. Suelo utilizar el FE 50mm f/2.8 Macro porque es pequeño y ligero, pero con una gran apertura para que el enfoque pueda ser muy superficial. Intento idealmente conseguir que el 90 % del objeto esté enfocado, tanto la mayor parte del plato y los cubiertos como de la comida, por lo que es normal subir un poco el f, pero con la cámara bloqueada, no supone ningún problema".
"Otro aspecto que me encanta de utilizar la Alpha 7R IV", prosigue, "es que sé que puedo fotografiar un plato y recortar múltiples composiciones en la misma imagen gracias a la resolución de 60,2 megapíxeles. Si a esto le sumas la ISO más baja, la impresión es espectacular, algo esencial porque muchas de estas imágenes acabarán en páginas de revistas o en menús donde la nitidez es vital".
Sin embargo, hay que prestar atención a los reflejos. "Si no tienes cuidado, pueden convertirse en una pesadilla", nos explica Kate, "ya que añaden un contraste duro y feo a la imagen y alejan la atención de la comida. Para suavizarlos, utilizamos modificadores como las softboxes, pero también elegimos cubiertos y platos mates o con una pátina gruesa. Está claro que no hay que ajustar la posición de la luz en función de los reflejos, sino de lo que es mejor para el objeto. Si no queda más remedio, puedes conseguir esprays matificantes para eliminar los reflejos, pero no se puede comer nada después de utilizarlos".
Kate afirma que un truco para hacerlo bien es aprovechar al máximo la Live View de la cámara. "Como la imagen sale directamente del sensor, no solo puedo cambiar fácilmente la exposición y el enfoque, sino que, si coloco la cámara sobre un trípode o un soporte, puedo iluminar con luz continua en lugar de flash, lo que me permite visualizar hasta el más mínimo detalle de iluminación. De hecho, normalmente solo utilizamos el flash cuando necesitamos congelar los detalles, por ejemplo, si fotografiamos comida según se está vertiendo o si agitamos azúcar glas en el aire".
"Intento que la luz sea lo más natural posible, pero que también acentúe la forma y la textura de los alimentos. Es sin duda una iluminación muy parecida a la de los bodegones tradicionales, así que es lo contrario de lo que suelo utilizar en mis retratos. Si la luz viene de frente, puede parecer muy plana, pero aquí las luces y las sombras son mucho más importantes, por lo que suelo iluminar más desde los lados o desde atrás. Y si se trata de un objeto translúcido, recurro a la retroiluminación y utilizo reflectores o pantallas blancas a modo de relleno", continúa.
"Pero al igual que con cualquier otro objeto", concluye, "lo más importante es desarrollar tu propio estilo. Necesitas saber cómo quieres hacerlo y yo prefiero jugar con el contraste, la luz y las sombras para recrear un ambiente tenue. No pasa nada si el cliente quiere algo diferente, solo necesitas saber cómo adaptarte. Al final, el trabajo consiste en conseguir que la comida parezca lo suficiente apetecible como para comérsela, y cuando terminas, eso es exactamente lo que puedes hacer. Así que es sin duda una de las mejores razones para hacerlo".