"Algunas personas pueden pensar que la fotografía de bodegones es algo básico o para principiantes; sin embargo, en realidad es uno de los temas más exigentes que puedes fotografiar", afirma Pablo Gil. Y es verdad. Si te paras a pensarlo, los bodegones son la disciplina fotográfica más compleja desde un punto de vista creativo. El fotógrafo parte de un marco vacío. No hay nada que le sirva de guía o a lo que pueda reaccionar, tan solo sus propias ideas. Además, nada, desde la selección de objetos a su disposición o iluminación, ocurre por casualidad en esta disciplina. "Es realmente compleja, pero una vez que la dominas, es a la par bonita y entretenida", reconoce Pablo.
El proceso de Pablo comienza mucho antes de tocar su cámara, independientemente de si está creando una imagen compleja con múltiples elementos o una fotografía minimalista en la que el objeto está prácticamente solo. "Lo más importante es tener muy clara la idea antes de comenzar la sesión. Desarrollo las ideas en profundidad con bocetos para ver el resultado antes de disparar. Los bodegones creados de forma improvisada no suelen salir bien. La planificación y la preparación son fases esenciales. Las ideas evolucionan alternando los colores, las formas, el equilibrio en la posición y la escala... pero lo más importante es que la imagen transmita en su conjunto", declara Pablo.
Parte de su planificación se centra en cómo reforzar la narrativa de la imagen. Los productos y los artículos se seleccionan por su estética y por lo que aportan a la historia, mientras que los trucos de iluminación y el atrezo añaden significado. "Por ejemplo, al fotografiar una cerveza o un refresco, añadimos al vaso gotas de condensación artificial y lo iluminamos desde atrás para que brille. Si no lo hiciéramos, parecería algo triste e insulso. Para la verdura, podemos añadir una solución de bicarbonato y agua helada que intensifique los tonos verdes", detalla Pablo. Los objetos que se disponen alrededor del punto de enfoque también se eligen para ampliar su significado. "Si se trata de un producto artesanal, le añadimos un aderezo natural y saludable. Siempre buscamos la forma que mejor narre la historia", explica.
La improvisación entra en juego cuando surgen problemas y al trabajar con los detalles de la composición y la iluminación. A la hora de prepararse para disparar, Pablo bloquea y ancla su cámara en un trípode "para poder visualizar la evolución de la composición a través de la vista Live View del ordenador —señala—. Así puedo componer poco a poco, colocando los objetos con mayor precisión, modelando la luz y acercándome cada vez más al resultado final. También utilizo el disparador Bluetooth remoto de Sony para manejar la cámara a distancia, lo que me permite ajustar la exposición si es necesario para conseguir un aspecto de clave alta o baja".
Pablo, que anteriormente utilizaba la Sony Alpha 7R II y la Alpha 7R IV, ahora dispara con la Alpha 1. "El motivo es fundamentalmente la calidad de imagen que me ofrece. Los sensores tienen un fantástico rango dinámico que puede atenuar las luces y las sombras, y la fidelidad de los colores es impresionante. Esto es esencial en la fotografía de productos. Tenemos que reproducir la imagen y el tono de un producto con total confianza. Y también hay que tener en cuenta la espectacular resolución, que me permite trabajar cómodamente para agencias publicitarias en proyectos de cualquier tamaño", explica.
Otro aspecto de sus cámaras Alpha en el que Pablo confía son las opciones de enfoque manual. "Para los bodegones, con la posición de la cámara bloqueada, lo normal es enfocar en modo manual; y para conseguir la máxima precisión, utilizo la ampliación en pantalla, así como la asistencia del enfoque manual. Compruebo el resultado en la pantalla del ordenador para estar 100 % seguro, pero es totalmente fiable. De la misma manera, si quiero tomar diferentes imágenes para el apilamiento de enfoque, puedo mover el punto de enfoque sin cables para que todas las partes del objeto queden cubiertas y conseguir exactamente la profundidad de campo que deseo".
Si hablamos de objetivos, Pablo recurre a los básicos para los bodegones, como el FE 50mm f/1.2 GM, el FE 90mm f/2.8 Macro G OSS y el FE 100mm f/2.8 STF GM OSS. "El objetivo de 50 mm es muy útil para las fotos flat lay, y los de 90 mm macro y 100 mm, para los detalles. Casi siempre suelo decantarme por los objetivos prime, pero no me cierro en banda y me gusta jugar con diferentes opciones hasta que encuentro la imagen que visualizaba en mi mente. Por ejemplo, el FE 100-400mm f/4,5-5,6 GM OSS es fantástico y me permite comprimir y aplanar una composición hasta conseguir una perspectiva casi isométrica".
No cabe duda de que Pablo ha encontrado en su equipo Sony Alpha al compañero perfecto: sus cámaras y objetivos son las herramientas que le permiten dar vida a sus ideas de bodegones. "Como he mencionado, cada imagen de un producto o bodegón es un reto, pero estas cámaras lo convierten en un trabajo creativo, no en un esfuerzo técnico", concluye.
"Una imagen nunca miente, las mías, puede"