Con la Sony Alpha 7R III en mano, en las profundidades del bosque Mau de Kenia, el fotógrafo documental Alessandro Grassani está a punto de retratar a Babu Maua. Este miembro de la tribu de los Ogiek, de 76 años, queda retratado con su atuendo tradicional en la parte más remota y sagrada del bosque, donde practica un rito para honrar a los espíritus del bosque. Con él espera que la comunidad disfrute de una buena estación lluviosa y una óptima cosecha. Se trata de un gesto simbólico ante dificultades muy reales.
El retrato aparecerá en un calendario llamado "Climate Change Heroes" (héroes del cambio climático), promovido por una ONG italiana; pero, para Alessandro, tan solo es la punta del iceberg de una historia interesante. Hablando sobre el tiempo que pasó con Babu Maua, explica: "Él me contó lo importante que es el bosque para la comunidad Ogiek. Es su hogar, el lugar en el que viven y que les ofrece algo más que solo alimento y animales para cazar, porque también es su despensa principal de plantas medicinales".
El bosque-hogar de los Ogiek se debate en un peligroso equilibrio entre la deforestación y la conservación ecosostenible. El bosque montañoso más grande de África oriental también es la reserva de agua más importante de Kenia, pues cerca de 130 millones de personas dependen de sus ríos. Sin embargo, en la actualidad, el bosque ocupa un cuarto de su tamaño original, empresas multinacionales extranjeras lo devoran implacablemente para la producción de leña y terrenos de uso agrícola. Para combatirlo, la ONG Mani Tese y la Universidad de Milán apoyan los derechos de los Ogiek y consiguen que participen en la lucha contra la deforestación por medio de proyectos sostenibles, además de hacer ruido para que sus derechos se respeten como propietarios y administradores de las tierras de sus ancestros.
Junto con su encargo de retratos, durante tres semanas Alessandro se ocupó de documentar esta lucha del corazón del bosque Mau. Según explica el fotógrafo: "Para mí, contar una historia con una cámara implica revelar lo que ocurre, pero sin mostrar la realidad muy directamente. Creo que un fotógrafo, incluso en el ámbito documental, tiene que tratar de evitar dar lecciones porque podría verse vacío de personalidad. Es fundamental despertar la curiosidad y sacudir la conciencia del espectador, para profundizar en el significado y hacer que quiera ver más y comprometerse con la idea". Complementando estas imágenes con historias y testimonios de las personas que fotografía, el planteamiento de Alessandro proporciona una cuenta completa y extraordinariamente interesante.
Complementando a su Sony Alpha 7R III, ha trabajado con un solo objetivo: el FE 24-70mm f/4 ZA OSS. Ha estandarizado su visión para aportar un mejor equilibrio estético al proyecto, aunque, según sus palabras: "Lo más importante es que este objetivo te obliga a acercarte mucho a las personas que vas a fotografiar. Te obliga a participar en una experiencia más humana e interactuar, por lo que tiene que haber confianza entre el fotógrafo y el sujeto, y eso se nota en el resultado final".
Además, la capacidad de la Alpha 7R III "para enfocar los sujetos en semejantes condiciones de iluminación extremas sin necesidad de usar el iluminador AF fue vital. No me puedo arriesgar a quebrar la intimidad de esos momentos, por no mencionar el efecto que tendría en mis imágenes — según explica—. Ello, combinado con la capacidad de la Alpha 7R III para disparar de forma totalmente silenciosa, me permitió mantener y capturar la atmósfera intacta, sin invadir el espacio de personas que no están acostumbradas a ser fotografiadas. Funciones como la pantalla LCD inclinable me ayudó también a añadir profundidad y un cambio de perspectiva en mis imágenes".
Alessandro vivió y trabajó durante semanas enteras en un entorno tropical y confió en el impresionante sellado impermeable y las baterías de larga duración de su Alpha 7R III. "Las zonas boscosas llegaban a estar a más de 3000 m sobre el nivel del mar —recuerda— y el grado de humedad era muy alto, con constantes aguaceros y noches en tiendas de campaña donde no era posible recargar las baterías. Viajé con tan solo cuatro baterías y cada una de ellas me duró entre uno y dos días, por lo que pasaba una semana hasta poder cargarlas, algo absolutamente imprescindible en proyectos como este".
Testigo de la lucha de los Ogiek contra la deforestación, así como de los esfuerzos del Kenya Forest Service, inevitablemente capturó fracasos como parte de la historia en curso. Ver humo y llamas a kilómetros de distancia y llegar al bosque para ver que quedaba poco más que tierra quemada... Algunas imágenes expresan a la perfección la frustración de los soldados que luchan contra un enemigo invisible mucho más poderoso que ellos a cuyo auxilio, además, muchas veces llegan tarde.
Pero también hay un atisbo de esperanza. "La fotografía siempre ha sido una poderosa herramienta para despertar conciencias —concluye Alessandro—. Además, históricamente, los fotógrafos documentales siempre han sido capaces de sensibilizar y presionar, gracias a sus imágenes, primero a la opinión pública y, luego, a la clase política con el fin de urgir una reforma y un cambio. Cuando cojo mi cámara, me gusta saber que estoy siguiendo con la tradición y los ideales, incluso en la era de Internet y las redes sociales. Me lleva a lugares como el bosque Mau, cuyas fotos tal vez sirvan para cambiar las cosas".
"Aspiro a dejar mi propio testimonio en la búsqueda constante de esa combinación perfecta entre belleza y verdad a la que llamamos arte"