Tengo y utilizo varios objetivos G Master de Sony, y cada uno tiene su función por distintos motivos. Pero si echo la vista atrás al último año, me doy cuenta de que el FE 85mm F/1.4 GM II de Sony siempre está en las imágenes preferidas de mis clientes y mías.
La primera vez que probé el FE 85mm F/1.4 GM II de Sony cerca de su lanzamiento, me enamoré de él y se convirtió en un accesorio muy frecuente para mí. Incluso en los días en que no empiezo una sesión con él, acabo recurriendo a este objetivo tarde o temprano. Si no, a menudo me veo echando en falta un aspecto en concreto al revisar mi galería.
En especial, me atrae la forma en que este objetivo equilibra la suavidad y la nitidez, pues confiere a las imágenes una calidad única y onírica. Junto a cuerpos de Sony como la Alpha 1 II y la Alpha 7R V, ofrece archivos RAW sólidos, ricos en color y detalles, idóneos en posproducción. Es una combinación que me ha encantado explorar este último año.
Como fotógrafa especializada en retratos en la naturaleza, ya sea trabajando en proyectos creativos inspirados en cuentos de hadas o en sesiones por encargo a familias, empresas o bodas, a menudo me encuentro al aire libre, lo que implica unas condiciones en constante cambio. Solo en el último año, me he enfrentado a cimas bajo cero en el Ártico, bosques centenarios envueltos en bruma en Madeira y paisajes crudos y dramáticos de las Tierras Altas escocesas.
Los fotógrafos suelen buscar luces, paisajes o ambientes extraordinarios para hacer brillar su trabajo. Eso a menudo implica viajar lejos de casa. Hasta una sesión fotográfica con un cliente habitual puede parecer una pequeña expedición si la ubicación es remota. Y cuanto más te alejas de la civilización, más tiendes a sopesar qué llevar en la bolsa.
Dejando a un lado los resultados del FE 85mm F/1.4 GM II de Sony y su capacidad para ofrecer imágenes nítidas incluso con una apertura máxima de F/1.4, hay varias razones prácticas por las que sigue ganándose un lugar en mi bolsa para la cámara, incluso cuando viajo.
Una es su peso. Cuando trabajas fuera varios días, a menudo de pie o en terreno irregular, cada gramo supone una gran diferencia. El objetivo logra el equilibrio ideal entre rendimiento y portabilidad.
Además, es muy apropiado para filmar vídeo, cada vez más relevante, pues cada vez más clientes buscan contenido híbrido, incluso en las sesiones estáticas.
Su autoenfoque es rápido y fiable, un aspecto de extrema importancia cuando llega el momento justo, sobre todo si estás en un lugar extraordinario al que puede que no vuelvas nunca.
Al disparar, no puedo permitirme el lujo de dudar si el enfoque es correcto o si la imagen saldrá bien. Saber que el equipo responderá en todo momento me da la confianza necesaria para centrarme plenamente en el momento y en lo que está sucediendo delante de la cámara. Establecer una conexión con la persona a la que estoy fotografiando y aprovechar al máximo el entorno, la luz, la composición, entre otras cosas, es lo que me permite desarrollar mi creatividad y seguir avanzando en mi trabajo. Para mí, la fiabilidad no se limita a comodidad, sino que da impulso a mi trabajo y a las imágenes que creo. Y considero que hablo por todos los fotógrafos.
Por lo tanto, en mi opinión, cualquier cosa que haga mi labor de fotógrafa más fácil, más agradable y mejore la calidad de mi trabajo es una gran inversión. Por eso, el FE 85mm F/1.4 GM II de Sony se ha ganado un lugar en mi bolsa: encaja con el trabajo que quiero crear, mi modo de fotografiar y la fotógrafa en que quiero convertirme.
Por supuesto, cada sesión, objetivo y circunstancia requiere herramientas diferentes. Durante el último año, me he dado cuenta de que utilizo menos el FE 135mm F/1.8 GM de Sony. Sigo encantada con el aspecto que consigue, a veces incluso más que con el FE85 mm F/1.4 GM II, pero una mayor distancia focal requiere, como es lógico, dejar más distancia hasta el sujeto. Esa distancia adicional puede dificultar un poco la interacción en determinadas situaciones, sobre todo al fotografiar parejas o niños. Y cuando trabajo en entornos desconocidos o remotos, no siempre puedo contar con ese espacio extra para alejarme.
Por otro lado, otro objetivo con que he trabajado y admiro es el FE 50mm F/1.2 GM de Sony. Su distancia focal ofrece una flexibilidad excepcional, especialmente en lugares más reducidos o cuando quiero incluir más entorno en el encuadre. Aun así, en muchas sesiones, me veo atraída por la perspectiva ligeramente más reducida y la mayor separación del fondo que ofrece el FE 85mm F/1.4 GM II. Aporta la atmósfera delicada y de cuento que a menudo busco en mi trabajo. Por eso, el FE85 mm F/1.4 GM II de Sony es perfecto, ya que me permite mantenerme lo suficientemente cerca como para conectar con las personas que fotografío, al tiempo que ofrece la profundidad y la calidad de ensueño que tanto me gustan.
Un año después, este objetivo sigue apareciendo en las imágenes que más me gustan, no solo por las prestaciones ópticas que ofrece, sino por lo que soy capaz de sacar durante esas sesiones. No se trata solo de la nitidez o la borrosidad del fondo. También me refiero a la naturalidad con la que puedo conectar con la persona que tengo delante de la cámara, responder a la luz y sacar el máximo partido al entorno. Esa libertad define la imagen tanto como el propio objetivo. Y eso es algo que valoro enormemente.
Busco un objetivo que se adapte a mi forma de fotografiar y me ayude a dar vida a mis ideas. Para los fotógrafos retratistas profesionales que se toman en serio la creación de imágenes de la máxima calidad y buscan un equipo preparado para el futuro, el FE85 mm F/1.4 GM II de Sony merece, sin duda alguna, una oportunidad.
"Mantén tu pasión juguetona, fresca y divertida".