Osa polar con sus dos cachorros caminando sobre el hielo

Al alcance de la mano

Melissa Schäfer

La distancia es un factor crucial en la fotografía de vida salvaje. Estar cerca, estar lejos... Todo importa de diferentes maneras. La cercanía puede aportar perspectivas y experiencias únicas. El espacio puede proporcionar seguridad y una mayor comprensión. Para algunas especies es vital mantener una distancia respetuosa, tanto para el fotógrafo como para el sujeto.

una joven Melissa Schäfer con su padre © Melissa Schäfer

Melissa Schäfer ha recorrido un largo camino en su relación con la vida salvaje y, en concreto, con los osos. Creció en las afueras de Hamburgo, a lo que parece un millón de kilómetros de la tundra ártica salvaje que ahora es su hogar. Su padre la despertaba cada mañana con un simpático oso polar blanco de peluche y su habitación estaba llena de fotos de estos animales. Ahora es una exitosa fotógrafa de vida salvaje, guía turística y creadora de Mother, una preciosa revista que muestra a mujeres que trabajan en este campo.

«Siempre me han encantado los osos polares porque son animales muy fuertes y hermosos», recuerda, «pero al mismo tiempo me parecían algo casi irreal... criaturas que solo se podían imaginar a partir de fotografías. Nunca pensé que sería posible ver un oso con mis propios ojos y el Ártico me parecía otro planeta».

Incluso cuando se le ofreció la oportunidad de ver un oso en cautividad, la rechazó. «Cuando trajeron osos polares al zoológico local, por un segundo pensé en ir a verlos», recuerda Melissa. «Quería ver su tamaño y cómo se movían. Pero nunca fui porque la idea de un oso polar en un iceberg de plástico simplemente no me encajaba. Lo que quería ver era al rey del Ártico en su reino».

primer plano del pelaje de un oso polar © Melissa Schäfer | Sony α1 + FE 600mm f/4 GM OSS | 1/1600s @ f/4.0, ISO 640

Finalmente, lo que parecía una distancia imposible se redujo a unos pocos metros, y llegaría a ser el encuentro más memorable de su carrera. «En realidad, era la primera vez que conducíamos hacia la costa este de Svalbard», cuenta, «y finalmente llegamos al hielo marino. Cuando vimos huellas en la nieve y supe que había osos polares cerca, fue como un sueño».

«De repente», continúa, «vimos una osa sobre el hielo. Esperamos y se acercó hacia nosotros sobre un hermoso iceberg con forma de ola. Era el primer oso que veía en mi vida y sigue siendo el más bonito. Estaba delante de nosotros jugando con la nieve, muy relajada y tranquila, como si estuviera dando un espectáculo. Me sentí tan unida a ella que le puse el nombre de Helen».

oso polar revolcándose en la nieve © Melissa Schäfer

La distancia emocional puede marcar una gran diferencia en la conservación, y el amor que sentimos por nuestro entorno es un poderoso motivador para protegerlo. «Cuando comparto estas experiencias con otras personas, quiero recrear la misma conexión que yo sentí con el animal o el lugar», explica Melissa. «Una osa que conocí es solo una osa, pero si le pongo nombre, se convierte en algo personal».

«Probablemente estuve unos 30 minutos con Helen, quizá más, quizá menos. El tiempo desaparece por completo cuando estás sobre el hielo. Luego ella empezó a alejarse tranquilamente, así que nosotros también nos fuimos. Fue un encuentro precioso, sin ningún tipo de tensión por ninguna de las dos partes».

Generar esa emoción a través de su fotografía, dice Melissa, puede crear conciencia, no solo sobre los retos a los que se enfrentan las especies del Ártico, sino también sobre aquello a los que nos enfrentamos todos. «No es nada nuevo decir que el Ártico está cambiando», afirma, «pero me temo que la gente se está volviendo insensible, lo acepta y no se da cuenta de lo grave que ya es. Los osos polares necesitan el hielo para sobrevivir. Es donde cazan; y, cuando este se reduce, se mueren de hambre y se ahogan».

iceberg azul en svalbard © Melissa Schäfer

«He visto el retroceso con mis propios ojos», continúa. «Hay fiordos sobre los que pisábamos hace solo unos años y que ahora son mar abierto. Y como los osos no pueden cazar focas, ahora persiguen a los renos. Hace unos años, nadie había visto algo así, y ahora es normal. Pero los osos polares no pueden sobrevivir alimentándose de renos. Y los renos también se mueren de hambre porque el clima inestable trae lluvias heladas que cubren de hielo espeso la hierba de la que se alimentan».

«Todo puede parecer muy lejano y distante, y así es como lo sentía yo cuando estaba en Alemania», admite. «Pero eso es muy peligroso y falso, porque ahora vemos que el cambio climático no se queda ahí. Está presente en toda Europa, con inundaciones e incendios, y debería hacer que nos diéramos cuenta de lo pequeño y delicado que es realmente el mundo».

oso polar caminando por el hielo al atardecer © Melissa Schäfer | Sony α1 + FE 600mm f/4 GM OSS | 1/800s @ f/4.0, ISO 640

«La fotografía puede cerrar esta brecha», insiste Melissa. «Quiero que la gente se enamore de los lugares, aunque sientan que son inaccesibles. Quiero que amen las aves, el hielo, la luz, los osos polares y, por supuesto, a Helen. No importa si estás en el Reino Unido, Alemania o Suecia, cuando te importa un lugar o un animal, te hace pensar en tus acciones».

Aunque esa primera experiencia con Helen fue transformadora para Melissa, ella destaca la importancia de mantener una distancia respetuosa. Así se protege tanto a las personas como a los osos. «Es algo muy extraño», explica. «No quieres que se acerquen demasiado, pero no te cansas de mirarlos. Son todos grandes y peligrosos. Algunos son curiosos y tímidos. Otros están hambrientos. Así que cuando vemos que un oso está estresado o que es una madre joven cazando, nos marchamos».

osa polar con sus cachorros en un paisaje nevado © Melissa Schäfer

«Perturbar o estresar a los animales mientras se graba su comportamiento natural carece totalmente de ética», continúa, «y eso incluye cosas como cebarlos, forzar encuentros que son peligrosos para el animal y manipular su entorno. A todos los efectos, como fotógrafos, debemos ser invisibles para ellos».

Además de trabajar desde barcos y vehículos, y de su respeto innato por los animales que retrata, el equipo Sony de Melissa le ayuda a mantenerse a una distancia prudencial, al tiempo que se asegura de que cada momento quede registrado con una claridad perfecta. Usuaria desde hace mucho tiempo de la Alpha 1 de Sony, confía en su increíble autoenfoque, que le permite distinguir a los osos entre el caos de hielo y las salpicaduras del agua, así como en su velocidad de disparo de 30 fps. Trabajar en el amanecer y el atardecer del Ártico también implica lidiar con la poca luz, por lo que el impecable rendimiento ISO de la Alpha 1 también es fundamental.

Gracias al uso de objetivos como el FE 400-800mm F/6.3-8 G OSS, el FE 400mm F/2.8 GM OSS y el FE 600mm F/4 GM OSS se consigue también mantener una distancia respetuosa, mientras que la increíble resolución de 50 megapíxeles de la Alpha 1 de Sony no solo ofrece unos detalles asombrosos, sino que también permite recortar las imágenes con mayor eficacia.

osa polar contra un cielo azul rosado © Melissa Schäfer | Sony α1 + FE 600mm f/4 GM OSS | 1/1000s @ f/4.0, ISO 250

«Hago fotos porque las palabras no pueden describir la belleza de los osos... cómo se mueven, cómo bajan la cabeza para oler la nieve, y todo su lenguaje corporal», concluye. «Pero la fotografía nunca ha tratado únicamente de capturar la vida salvaje, sino también de descubrir el mundo y cambiar a nivel personal. Acercarme a mi primer oso polar fue una puerta de entrada a un nuevo mundo, a una nueva vida. En un solo instante, Helen me enseñó lo que significa vivir realmente el presente y me demostró que todo es posible».

«Una vez, cuando volvimos a la costa este, creo que vi a Helen. Por supuesto, no puedo afirmar al 100 % que fuera ella, pero estaba en el mismo lugar y su edad encajaba. Esta vez tenía dos cachorros. A menudo pienso en ellos, y espero que sus cachorros tengan su propia camada algún día; pero, a menos que podamos detener los cambios que están haciendo tan difícil su vida, ¿quién sabe?».

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