El Etna, uno de los volcanes activos más altos de Europa, que se agita irregularmente en la costa este de Sicilia, se eleva desde las afueras de Catania cual titán mitológico. Con una altura de 3326 m por encima del nivel del mar, este gigante es la pieza central del último ensayo fotográfico de Massimo, el cual lleva en marcha desde principios de 2019, aunque lo tiene en mente desde hace unos años más.
Massimo inició el proyecto con su Alpha 7R IV de Sony a pesar de los muchos desafíos. "Quería conseguir una serie de imágenes con el tema del Etna y el entorno natural de Sicilia, pero al haber nacido en Catania tenía que superar una gran dosis de resistencia personal a contar la historia de mi tierra. Los vínculos emocionales y culturales lo han complicado —según explica—. He pasado muchos meses trabajando aquí, pero el Etna sigue siendo un territorio vasto y complejo, que tienes que conocer en profundidad para crear imágenes fascinantes y nada superficiales".
Sus proyectos se habían centrado previamente en paisajes antrópicos, ciudades y arquitectura. Por ello, el entorno del Etna y sus lugares declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO han supuesto un auténtico cambio para Massimo, aunque su planteamiento siga siendo el mismo. "Mi trabajo es contar historias, profundizar en los aspectos de la realidad y comunicar un punto de vista personal a todo aquel que vea mi trabajo —explica—. No condenso los acontecimientos en una sola imagen. Me gusta tomarme mi tiempo para buscar las imágenes que mejor expresan el alma y la identidad de un lugar".
"Y Sicilia es un lugar totalmente extraordinario —continúa él—. Ofrece estas vistas extremas, desde algunos de sus territorios interiores más hostiles con sus lavas basálticas recién formadas, sus conos piroclásticos y la progresiva desertificación, hasta la serena belleza del mar y los viñedos en las laderas más bajas de la montaña. Durante todo el proyecto siempre he tratado de trasladar mi propia reacción emocional ante estos lugares a las imágenes que he creado".
En estos largos viajes y oscuros descensos, Massimo iba acompañado de su Alpha 7R IV de Sony, que él describe como "una máquina extraordinaria. Pequeña, ligera, con una muy alta calidad, que resulta absolutamente ideal para trabajar en condiciones de estrés físico y cuando el peso es decisivo para el éxito de un proyecto. Con sus archivos de extraordinaria calidad y su muy alto rango dinámico, pude trabajar incluso sin trípode en condiciones de luz extremas".
Muchas de las imágenes subterráneas se consiguieron con unas ISO vertiginosas, pero manteniendo un gran nivel de detalle y los sutiles tonos de la roca. En la gruta de Serracozzo, Massimo fotografió con una ISO de 16 000, lo que le ayudó a conseguir una velocidad de obturación manipulable de 1/20 segundos, que, combinada con la estabilización de imagen incorporada de la Alpha 7R IV, dio como resultado una nitidez perfecta. En la isla Vulcano, cerca de Mesina, donde la geología volcánica produce la revivificación del lodo, "también pude trabajar con las manos libres —según explica—. Evité la mirada de las personas que se adentraban en las tierras sulfúreas. Con una ISO de más de 10 000 era la única forma de sacar la foto, pero su calidad fue impecable”.
A la hora de elegir los objetivos para sus proyectos, Massimo prefiere usar las distancias focales típicas de los documentales, acordes a su perspectiva natural y realista.
"En general, he utilizado el FE 35mm f/1.4 GM y el FE 55mm f/1.8 ZA —afirma—. Prefiero ceñirme a unos pocos objetivos en lugar de tener que llevar más de los que necesito. Al tener menos opciones, puedo interiorizar la visión que cada uno me aporta y centrarme en el sujeto. A veces también uso el ligero FE 70-200mm f/4 G OSS, muy útil para capturar paisajes más lejanos".
Con su proyecto del Etna aún en curso, Massimo está satisfecho con lo que ha conseguido hasta el momento, pero es consciente de que aún se tiene que esforzar más. "El Etna, como todas las montañas, requiere horas caminando y escalando, lo que se complica más si cabe debido a las afiladas coladas de lava de erupciones anteriores y, aunque no es nada inalcanzable con algo de preparación, la Alpha 7R IV es totalmente diferente a las demás en lo que respecta a lo que se puede conseguir con cada incursión. Diría que me da la misma calidad, si no mayor, que muchas cámaras de formato medio, con el manejo y el peso de una compacta. Y después de seis o siete horas de caminata hacia la cima del volcán, eso es algo que realmente se valora".