¿Cuál es el cometido de un fotógrafo documental? ¿Buscar la verdad? ¿Convertir los salvajes extremos de la experiencia humana en algo que tenga sentido y nos llegue? ¿Responder a lo que le cautiva de la forma más auténtica que pueda? Lo que sí es seguro es que las imágenes de Brendan de Clercq tras las bambalinas del Ballet Nacional de Holanda cumplen todos los requisitos.
Brendan tiene un largo historial de admiración por la danza y los bailarines. “Cuando era niño, me gustaba el break dance”, nos confiesa, “y cuando me convertí en fotógrafo comencé a apreciar el movimiento de manera más estética. Hoy en día, ya sea en mi trabajo documental, en la moda, en imágenes en la calle o incluso en los retratos, soy muy consciente de cómo se mueve una persona, cuál es su postura y cómo camina”.
Todo eso nos lleva al ballet, un espectáculo de movimientos precisos y vocabulario técnico. No es que Brendan quisiera crear una serie de imágenes arquetípicas de danza. “No soy uno de esos que quieren hacer fotografía en el escenario, ni siquiera hacer fotos escenificadas hasta la perfección. Quiero ver qué es lo que hay detrás de las actuaciones. Los ensayos y la tensión, y la lucha de los artistas. Pero también quiero mostrar su gracia”.
Entonces ¿qué significa la perfección en la fotografía documental? “Es una imagen que te hace conectar con la historia”, responde Brendan, “y eso significa que no importa si le falta un pelín de nitidez, o si hago algo de sombra en la imagen, o si la iluminación es fuerte. Simplemente necesita comunicar. Tuve mucha suerte de poder fotografiar al Ballet Nacional de esta forma, porque normalmente no se permite hacer fotografías entre bastidores, y son necesarias muchas autorizaciones previas. Pero comprendieron que esto es lo que hago y que si me permitían hacerlo, sería algo bonito”.
Parte del enfoque de Brendan es establecer una conexión con sus sujetos, y en ninguna parte queda eso más claro que en esta imagen de Maia, la bailarina principal en la representación que la compañía hace de El lago de los cisnes, sentada en actitud de tranquila contemplación en un rincón a un lado del escenario. “Se cómo hablar con las personas, y enseguida establezco una conexión con ellas. Por eso soy fotógrafo de retratos. Maia y yo teníamos ya una buena relación, así que en esta imagen, simplemente le pedí que se sentara y pensara sobre su trayectoria”.
“Un poco como lo que me pasó a mí”, continúa, “se mudó a otro país cuando era pequeña, pero también tenía el peso de toda su formación de ballet en mente. Incluso sentada ahí, su cuerpo posa instintivamente y coloca los dedos del pie en punta. Cuando su mirada se perdió en la distancia, mientras pensaba en su propia historia, es cuando hice la foto. El momento tranquilo en el que puedes ver su gracia, y su agitación”.
Trabajando principalmente en blanco y negro, un estilo que simplifica y añade autenticidad a la vez, Brendan fue consciente de que sus sujetos podrían disfrutar de este efecto tanto como él mismo. “Crecí en una sala oscura donde mi padre revelaba fotografías en blanco y negro, y miraba fotografías de Magnum Photos, así que el estilo monocromático forma parte de mí. Pero también forma parte de las artes escénicas. Es James Dean y Marylin Monroe, es The Beatles y The Rolling Stones, y, para los bailarines de ballet, es Nureyev y Fonteyn”.
Más allá de eso, la naturaleza del documental entraña que rara vez se tiene control total sobre la ubicación o la luz, y esto le sucedió a Brendan, sin lugar a dudas. Aunque realmente no importa, si el fotógrafo tiene cámaras y objetivos que se pueden adaptar. “Uno no elige cuándo se producen momentos especiales”, afirma, “pero hay que estar preparado. En este proyecto estaba usando la Sony Alpha 7R III y, aunque ya me he actualizado a la Alpha 7R IV y la Alpha 7R V, es la combinación de resolución y el enfoque automático lo que me hace volver atrás”, continúa. “Puedo recortar o imprimir en grande y saber que tengo unos detalles impresionantes, y en situaciones como el ballet sé que la cámara me ofrecerá el tipo de calidad que se merecen esos momentos”.
Aunque trabaje con sujetos en movimiento y con poca luz, “es imprescindible que haya un enfoque nítido de los ojos”, dice Brendan, “porque es ahí donde está el relato. Afortunadamente, esto es lo que están preparados para darte los sistemas de enfoque automático con detección de los ojos de estas cámaras, una y otra vez, aunque las bailarinas estén en la sombra o girando en algún movimiento”.
Como ayuda en estas situaciones, Brendan utiliza objetivos rápidos de Sony, como el FE 24-70mm f/2.8 GM y el FE 35mm f/1.4 ZA. “Más luz significa un enfoque más rápido”, nos explica, “y las grandes aperturas de estos objetivos me lo proporcionan. Me encanta la versatilidad del 24-70mm con su constante luminosidad. Ese es el objetivo que siempre llevo en mi bolso. Y con el 35mm se pueden hacer fotografías en la oscuridad y el fondo simplemente se desvanece a la máxima apertura, lo que quiere decir que siempre se puede conseguir que el sujeto parezca más icónico prácticamente en cualquier lugar”.
“Para mí, proyectos como estos devuelven el amor a la fotografía”, concluye Brendan. “Es una oportunidad de reflejar la pasión de otros a través de mi propia fotografía, respondiendo a sus propios talentos, sus emociones, sus pérdidas y sus logros. Quiero mirar dentro de la vida de estas personas y preservar su historia, y mi equipo Alpha es una parte muy importante para conseguirlo”.
"Algún día conseguiré el retrato perfecto. Uno que capture la emoción más pura. Este es el motivo que me lleva a ser cada día más exigente con mis fotografías"