Si echas un vistazo a las publicaciones en Instagram de Gábor Erdélyi, verás muchísima variedad de retratos y de imágenes comerciales. “Básicamente, me considero un fotógrafo de retratos —cuenta—. Me interesa mucho el ser humano, pero también hago fotos de moda, arquitectura, interiores, bodas y estilo de vida. No me centro en un solo tema”.
Habiendo dedicado tanto tiempo a la fotografía de retratos, sorprende ver a Gábor trabajando en un proyecto personal, para el que lleva años fotografiando, en el que prácticamente no se ven personas. Consiste en miles de imágenes de pequeños y hermosos detalles que ha capturado en sus numerosos viajes a Japón, un país que visita cada año desde que viajó allí por primera vez en 2016. Y siempre lleva con él la cámara Sony Alpha que esté usando en ese momento, a la que describe como su “compañera de creación”.
Cuando capturaba las típicas fotos turísticas de Tokio, Gábor no tenía la sensación de que estuviera captando lo que Japón era en realidad, así que empezó a explorar las zonas más rurales del país. “Fuimos al valle de Iya en la isla de Shikoku, que es donde me enamoré totalmente de Japón. Las aldeas tranquilas, medio vacías y minúsculas, la simpatía de la gente, los objetos limpísimos, pero en muchos sitios ya desgastados por el tiempo; el silencio… Todo eso fue lo que me conquistó. Allí fue donde empecé a fotografiar los pequeños detalles, quizá irrelevantes para otros, que son los que componen esta serie”.
“Por primera vez en mi vida, no me centré en las personas —comenta—. Me enfoqué en los objetos que ellas han fabricado y en su fugacidad, en el paso del tiempo. Y, para ello, puse en práctica las técnicas que he aprendido a lo largo de mi carrera como fotógrafo”.
“Me llevé una cámara distinta a cada viaje. Tenía la Sony Alpha 9, la Alpha 7 RII, la Alpha 7R III y la Alpha 7R IV. Me encantan esas cámaras y lo pequeñas que son en comparación con una DSLR, ya que el tamaño y el peso son muy importantes cuando hago viajes así. Pero también tienen otras características principales: la velocidad de disparo para las fotos callejeras, la calidad de imagen con una configuración de ISO alta que me permite fotografiar de noche, y el enfoque increíblemente rápido, sin olvidar el Eye AF para cuando sí hago retratos. Son mis cámaras principales, para viajar y también para el trabajo”.
Como sabe cualquier fotógrafo, el objetivo es siempre viajar ligero, pero luchamos de manera constante contra el impulso de meter en la maleta “solo un objetivo más”. Aunque Gábor también intentó reducir los objetivos al mínimo, llevó consigo el FE 24-70mm f/2.8 GM, el FE 12-24mm f/4 G y el FE 70-200mm f/2.8 GM OSS.
“Siempre decidía el objetivo que iba a llevarme por la mañana. Y si solo me llevaba uno, casi siempre era el FE 24-70mm f/2.8 GM colgado al cuello”, explica Gábor.
El proyecto ya tiene miles de imágenes. “Hasta ahora, he procesado 2300 imágenes de los viajes a Japón y he conseguido reducirlas a unas 400. Al final, me gustaría reducirlas algo más para producir un álbum”, revela Gábor.
Como a cualquier fotógrafo, no le resulta fácil elegir las mejores imágenes. "Para mí, cada foto tiene una experiencia personal y me cuesta muchísimo decidir cuál me cuenta una historia solo a mí o también a los demás", explica.
Gábor anima a todos los fotógrafos a que se embarquen en un proyecto personal de fotografía como este. “Los proyectos personales, el placer de fotografiar y la experiencia que esto conlleva hacen que te des cuenta de que los fotógrafos tenemos una de las profesiones más bonitas del mundo”, afirma convencido.
“Crear tiene un impacto fantástico en uno mismo. Te otorga confianza y sensación de éxito, te llena de energía y te da la oportunidad de mostrar tu visión personal —continúa—. Recomiendo a todo el mundo que coja una cámara para experimentar esta sensación. No hace falta ser fotógrafo profesional para crear imágenes espectaculares”.