“A través de la fotografía de viajes podemos ver partes espectaculares del mundo desde la distancia, pero una imagen realmente buena consigue que el espectador quiera reservar un vuelo para visitar el lugar”, afirma İlkin Karacan Karakuş.
Aunque İlkin ha viajado por todo el mundo por su trabajo, el lugar que mejor conoce, y donde ha creado algunas de sus imágenes más icónicas, es su ciudad natal, Estambul. Tras fotografiar en las calles históricas de la ciudad durante muchos años, el trabajo de İlkin demuestra que conocer bien un lugar permite conseguir imágenes incluso más conmovedoras.
“Exploro las características del lugar y cómo responde a la luz y a las estaciones. Por ejemplo, ¿la mezquita histórica de Ortaköy y el Puente del Bósforo son perfectos al atardecer? ¿O quizá son mejores al amanecer? Solo si analizas todos estos factores conseguirás estar allí en el momento adecuado y con el equipo adecuado, y así tendrás la oportunidad de emocionar realmente a las personas”, señala.
Encontramos un gran ejemplo de este enfoque estudiado en una imagen en la que vemos cómo İlkin utiliza la técnica de cámara rápida para inmortalizar una luna de sangre, un fenómeno que solo se produce cada 149 años, ocultándose detrás de la famosa Torre de Gálata. İlkin, con la torre encuadrada a 200 mm y otorgando espacio suficiente en la composición a la luna para que se moviera a través de la imagen mientras descendía, utilizó la función de intervalo de disparo de su Alpha 7R III y configuró el obturador para disparar cada cinco minutos. “Las imágenes se combinaron posteriormente en edición, aunque, por supuesto, el verdadero truco consistió en estar allí para conseguir las imágenes necesarias. Investigué previamente para comprender las características del lugar, lo visité varias veces y fotografié otras lunas. Así sabía qué iba a funcionar y dónde colocarme. Cuando me levanté al día siguiente, descubrí que muchos medios de comunicación nacionales e internacionales habían utilizado mis imágenes, y me hizo muy feliz, principalmente porque conseguí presentar al mundo el lugar donde nací, me crie y sigo viviendo”, recuerda.
“En ciudades vibrantes y bonitas como Estambul, no resulta complicado encontrar buenos sujetos en la calle. Puede ser un vendedor de maíz, niños jugando al fútbol o el tranvía local abriéndose paso bajo la lluvia… Pero el reto a la hora de conseguir que estas imágenes emocionen al espectador está en encontrar la luz o las circunstancias adecuadas, y el amanecer y el atardecer son sin duda momentos perfectos para ello. Cuando el sol está bajo, crea refracciones de luz increíbles, se refleja en la piedra antigua para iluminar los retratos o revela el humo de las parrillas de los restaurantes, lo que aporta a las escenas callejeras cierta separación nebulosa”, reconoce İlkin.
Pero durante el amanecer y el atardecer también es a veces complicado dar con la exposición adecuada, y por este motivo, İlkin confía en el excepcional rango dinámico y la profundidad de bit de su Sony α7R III. “Siempre prefiero disparar en modo manual utilizando el visor electrónico como guía y los resultados son excelentes. Pero también disparo en modo RAW, lo que significa que puedo controlar las luces y las sombras con mayor facilidad durante la edición. Los archivos RAW de 14 bits sin comprimir capturan todo tipo de datos, así que el resto depende de ti y no tienes limitaciones en cuanto al tipo de edición que deseas realizar”, explica.
“Con este tipo de equipo te aseguras de que sea más probable capturar los instantes efímeros de las calles; aquellos que, como este, no volverán a producirse. Te permite tener mejores reflejos y más oportunidades de conseguir resultados técnicamente perfectos. Además, gracias a que los cuerpos de Sony son realmente pequeños y ligeros, siempre me acompañan en mis viajes y puedo llevar fácilmente dos cámaras con los objetivos montados. Por ejemplo, suelo llevar el 16-35mm f/4 ZA OSS en una y el 24-70mm f/2.8 GM en la otra, y así no pierdo tiempo cambiando de objetivo y puedo modificar la vista al instante”.