“A la hora de hacer fotografía de viajes", comienza Tolis Fragoudis, “cuanto más tiempo se pasa en un lugar, más profunda es la inmersión en él. Y esa es la parte que a mí me cautiva. Cuando voy a un sitio nuevo quiero llegar a conocerlo, así como a la gente que lo habita. Por eso me quedo todo el tiempo que puedo y no me marco demasiados objetivos concretos. La fotografía de viajes no debe ser una lista de cosas que hacer".
Este enfoque permite que las tomas superen los estándares turísticos, y el resultado se aprecia claramente en su reciente trabajo en los desiertos y las montañas de Namibia. "La mayoría de la gente que visita un lugar dispone quizás de una semana, que no es mucho. Pero es aún más complicado si se plantean experimentar y fotografiar cien cosas distintas. Yo disponía de un mes en Namibia, que tampoco es suficiente para conocer realmente un lugar, pero sí que me bastó para encontrar lo que necesitaba".
Esto es especialmente cierto cuando se fotografía a la población de un lugar, dice Tolis. “Ya sea una ciudad en medio de Europa o una tribu que vive en el desierto, si solo pasas unos minutos no puedes esperar más que imágenes que parecen tomadas por un intruso". "Pero si pasas un día o más, y vives y comes y hablas con la gente, empiezas a percatarte de su forma de vivir. Y así se consiguen fotos más naturales y cautivadoras".
Pero, ¿cómo funciona esto en la práctica, sobre todo en un país que nunca has visitado? "Es importante no pensar demasiado en la fotografía en un primer momento, sino dejarse llevar. Deja que tus ojos y tu corazón te guíen y así irás bien".
“Estábamos en uno de los puertos de montaña en una zona llamada Spitzkoppe, y allí me puse a hablar con una vecina, Rieth van Schalkwyk, y le pregunté si podíamos acampar en el puerto y hacer fotos de los picos y las formaciones rocosas bajo las estrellas. Resultó que su marido había sido un fotógrafo aéreo muy famoso: Paul van Schalkwyk. La mujer tenía muchos contactos en la zona, y cuando le pregunté por las tribus locales, nos puso en la buena dirección".
En compañía de esta guía, Tolis visitó a una tribu, los Ovahimbas, a quienes ofreció un regalo de provisiones, como harina, aceite y sal, a cambio de poder pasar un día en su campamento. "Al hacerlo de esta manera, sabían que mis intenciones eran honestas. Al principio no hice ninguna foto. Pero es gracioso, porque enseguida me dijeron: '¡Hey! ¿Dónde tienes la cámara? ¡Venga, vamos a hacer fotos!'".
“Cuando hago retratos de viaje, suelen ser espontáneos, no posados, sino más naturales e inesperados. Y es ahí donde las prestaciones de la Sony Alpha 7R IV resultan realmente útiles".
"Sin duda, el enfoque automático de la Alpha 7R IV es clave", continúa, "y su velocidad y precisión fueron realmente importantes, ya que muchos de los retratos los hice con el FE 135mm f/1.8 GM a la máxima apertura. En este tipo de situaciones en las que la profundidad de campo es, a lo sumo, de apenas unos centímetros, el modo de seguimiento de los ojos no tiene precio. Funciona en todo el encuadre, con lo cual no se pierde nada. La gente se mueve, ríe y vive, tal y como yo quería recordarlos, y la cámara tiene que seguirles en todo momento".
En ese tipo de situaciones, la pantalla con inclinación ajustable de la Alpha 7R IV también fue crucial. "Yo no quiero retratos que sean poses, así que, en esas situaciones, rara vez tengo el ojo en la cámara, porque esa manera de fotografiar puede incomodar un poco a la gente. En cambio, la pantalla de la Alpha 7R IV me permite disparar sin mirarles directamente. Y, al tener la cámara sobre la rodilla, soy más invisible, porque piensan que estoy repasando otras fotos, con lo que son más ellos mismos, más naturales en su pose, digamos".
Otras faceta vital de la Sony Alpha 7R IV para Tolis es el increíble nivel de detalle que puede obtenerse, tanto en la resolución como en las luces y sombras de escenas con contraste. "Cuando compro una cámara, una de las cosas más importantes es el rango dinámico, y la Alpha 7R IV ofrece mucho de eso. Un buen ejemplo es esta foto de la matriarca de la tribu en su cabaña: el sol brilla de refilón, pero nada se quema ni se pierde en la oscuridad".
¿Qué impresión se lleva Tolis de su estancia de un mes en Namibia? "Es un país muy seguro y hermoso, completamente distinto a todos en los que he estado. Pero lo que realmente me impactó fueron las personas que conocí durante ese tiempo y lo abiertas y alegres que son. Tienen una energía especial y estoy muy contento de haber podido captarlas con mi cámara Sony, la compañera de viaje perfecta para fotografías de viaje como estas".