Si le preguntas a David Bastianoni cuál es la clave de la inspiradora fotografía de bodas centrada en la historia propia de su estudio, te dará una respuesta muy sencilla: «Las relaciones». Establecer vínculos de confianza y creatividad no solo con sus clientes, sino también con su equipo y su equipo técnico. Según él, eso es lo que hace posible crear imágenes de una elegancia impecable. «En la fotografía de bodas», afirma sonriendo, «nunca estás solo».
«Optamos por combinar los momentos narrativos más importantes de una boda con la belleza estética pura», explica David. «Mostramos la elegancia de los detalles, en perfecto equilibrio con las emociones del día. Cada persona necesita sentirse encantadora y cómoda delante de la cámara, por lo que hacemos un esfuerzo adicional por ellas. Las expectativas son altas, pero ofrecemos a nuestras parejas los mejores recuerdos posibles. Mostramos la autenticidad de su amor».
Con amor y respeto, las relaciones perduran, y eso queda especialmente claro en un proyecto reciente en el que se invitó a David y su compañera de estudio, Alessia Franco, a retratar una vez más la felicidad de un cliente. «En 2022, fotografiamos una boda en la Ópera Garnier de París», recuerda David, «y luego, dos años después, su aniversario, que tuvo lugar en el Louvre, Versalles y otros lugares de la capital francesa. La boda fue puro drama y emoción, mientras que el aniversario fue muy desenfadado, relajado y alegre».
«Para los fotógrafos, trabajar en bodas y eventos en esos lugares increíbles es otra parte de la relación», afirma. «Hay que recordar que el cliente ha elegido celebrar en ellos, por lo que hay que tratarlos casi como si fueran un invitado más. Son parte de la historia y del ambiente del día, y deben lucir como es debido».
«Pero enclaves como la Ópera Garnier también son un verdadero regalo para los fotógrafos», continúa. «Es un sueño trabajar con una estructura así, en la que el arquitecto te regala el espacio y la luz, el escenario perfecto para momentos emotivos y alegres como el baile y la celebración».
Otra relación en la que David se basa en su trabajo de bodas es la que existe entre el color y el blanco y negro. «El 99 % de las veces fotografiamos a todo color», explica, «pero la decisión de tomar fotos monocromáticas en estos eventos fue por practicidad y para crear dramatismo. Había muchos elementos de color en la Ópera Garnier, por lo que optamos por simplificar las imágenes con un tratamiento en blanco y negro, lo que ayuda a los espectadores a concentrarse en la emoción sin distraerse».
El tratamiento, combinado con las localizaciones excepcionales, confiere una sensación atemporal muy buscada en su estudio, nos cuenta David. «Queremos que las imágenes resulten icónicas al momento, pero también frescas en el futuro. La fotografía duradera y atemporal es como una religión para nosotros, y eso se debe también a las distancias focales y los objetivos que empleamos».
«Entre esos objetivos destacaban clásicos de la documentación como el FE 24 mm f/1.4 GM, perfecto para las tomas más amplias con la gloriosa arquitectura», afirma David, «y el FE 35 mm f/1.4 GM y el FE 50 mm f/1.2 GM, cuyos rendimientos fieles y naturales generan recuerdos auténticos. También recurrimos a los zooms FE 24-70 mm f/2.8 GM II y FE 24-105 mm f/4 G OSS, dos objetivos versátiles, nítidos y portátiles, idóneos para bodas y celebraciones».
Aunque se utilizaron varios objetivos diferentes a lo largo de los días, siempre se montaron en cuerpos Alpha 7 IV de Sony. «Para nosotros, utilizar las mismas cámaras en los encargos es la base para otra relación satisfactoria», explica. «Por ejemplo, si hay algún problema... digamos que alguien derrama una bebida sobre la cámara y esta se rompe, no me llevo las manos a la cabeza. Simplemente tomo prestado un cuerpo de mi segundo fotógrafo. Los botones y los menús comparten configuración, por lo que podemos cambiar de uno a otro sin siquiera pensarlo. Eso sí, la expresión seguirá siendo mía, porque la herramienta es muy adaptable».
Y, al igual que muchos fotógrafos profesionales, David destaca el papel clave del increíble AF con detección de ojos de la Alpha 7 IV, sobre todo cuando se trabaja con objetivos ultrarrápidos como el FE 50 mm f/1.2 GM. «Nunca deja de sorprenderme», afirma, «y en miles de fotos, puede que solo un par no estén perfectamente enfocadas. No hay que calibrar nada ni dudar».
La relación de David con la fotografía de bodas abarca ya décadas, pero aún hay momentos que le sorprenden. «Después de cada ceremonia se siente adrenalina y alegría», concluye, «pero es especialmente halagador conectar con alguien y que te invite a volver a formar parte de su vida». Las bodas en lugares como la Ópera Garnier también son muy emocionantes. Echas la vista atrás y piensas: «Vaya, fotografiar una boda aquí es todo un logro». Y te das cuenta de que es mucho más que un trabajo, es el trabajo de tu vida».
Para mí, la fotografía consiste en resolver problemas, hablar sobre la vida y comunicarse con los demás en silencio.