Atraído en un primer momento por la costa del Pacífico de la Columbia Británica y su bosque Great Bear Rainforest en el marco de un proyecto de conservación marina, el fotógrafo Florent Nicolas acabó enamorándose de las tierras de los Gitga´at, pertenecientes a las Naciones Originarias de Canadá, así como de su hermosa red de ensenadas y bahías rodeadas de bosques de clima templado. Es una relación que duró más de una década, que se extiende a lo largo de ocho viajes de entre tres semanas y tres meses, y que dio vida a un bonito libro.
“Ayudaba a los científicos que se servían de hidrófonos a registrar datos acústicos de los cetáceos (delfines y ballenas) de la zona para intentar comprender cómo las embarcaciones afectan al entorno marino”, explica, “así como a monitorizar la actividad de las ballenas jorobadas, las ballenas de aletas y las orcas que viven en el lugar. Ese trabajo requería hacer fotografías para identificar a los animales a su paso, pero mis fotografías fueron evolucionando a medida que iba conociendo la costa”.
En este paisaje de playas rocosas, estuarios con bancos de arena y barrancos con árboles alineados, también tejió lazos con el pueblo de Gitga'at, una población indígena.
“Al principio, estaba centrado en las ballenas”, cuenta Florent, “pero cuando conocí a personas de las Naciones Originarias de Canadá y me hice amigo suyo, me enseñaron sus tierras y sus valores, y más tarde me mostraron los osos y los lobos de Vancouver. Con este proyecto quise rendir homenaje a estas personas y a la manera en que cohabitan con el mundo natural. Cuando empecé a sentir que fotografiar a las personas era invasivo (y, además, los retratos no eran lo mío), decidí centrarme en los animales que mejor les representan: los lobos, los osos y las ballenas”.
En cuanto a la técnica y los aspectos técnicos de la fotografía de este proyecto, dar a los sujetos espacio suficiente es una de las cosas más importantes para Florent. “El respeto siempre es necesario", afirma, “por lo que siempre mantengo cierta distancia. Cuando la gente hace fotos durante los safaris en África, utiliza todoterrenos para seguir a los animales. Pero en la costa no hay nada de eso. Puede que utilicemos un lugar, pero todo lo demás se resume en caminar y esperar. De esta forma, los animales comprenden que no estamos aquí para acercarnos, por lo que no deben temernos”.
“Estar presente es clave para que las cosas salgan bien”, continúa, “y, para establecer esa confianza, nunca me escondo. La espera puede durar unos días, o a veces incluso semanas, y todo ese tiempo lo pasas imaginándote a un lobo o a un oso formando una bonita composición. Y cuando llega el momento, es como una bendición. El encuentro solo suele durar unos minutos. Eso es todo lo que se necesita, pero hay que estar preparado”.
Empezó el proyecto usando diversas cámaras Alpha de Sony con montura tipo A, como la Alpha 99 II. “Durante mis últimos viajes al bosque Great Bear Rainforest, utilicé la Alpha 7R IV de Sony”, cuenta Florent, “una cámara perfecta para ese entorno y para los retos que presenta. Reacciona de maravilla, la duración de la batería es espectacular y, aunque la mayor parte del tiempo llueve y hay humedad, nunca me ha fallado. Todo esto es muy importante para mí, porque estar listo significa tener la cámara colocada sobre un trípode, encendida y expuesta a los elementos durante horas, ¡aunque me duerma!”.
“Parte de la disposición también implica tener todos los ajustes necesarios ya sincronizados", continúa. “Fotografío con el modo manual, y me sirvo del visor electrónico como guía para la exposición; también me gusta usar el ISO manual para asegurarme de que tengo una gran velocidad de obturación para congelar el movimiento del sujeto. Cuando esperas varios días, quieres que la instantánea sea nítida, por lo que la mía suele estar en torno a un mínimo de 1/800 s”.
Aunque utiliza un teleobjetivo largo, como el FE 200-600mm f/5.6-6.3 G OSS, y uno más antiguo, el 300mm f/2.8 G con montura tipo A en su Alpha 7R IV gracias a un adaptador LA-EA5 para agrandar sus sujetos, a Florent le gusta armonizarlos con su entorno. “Esto es muy importante para mí”, afirma, “porque cuenta más una historia que un simple retrato. Quiero mostrar el hábitat y la relación de los animales con este. A veces también cierro la abertura para reducir un poco el desenfoque y dar más contexto”.
Las fotografías como la instantánea de Florent de la exhalación de una ballena, enmarcada por el bosque detrás, cuentan la historia a la perfección. “Esta es la mezcla ideal para mí”, explica, “porque muestra cómo el entorno marino interactúa con la selva tropical. Puedes casi oír el sonido de la exhalación que resuena entre los árboles, y la conexión con la naturaleza es muy clara. Ese es el objetivo del proyecto, y cuando se transmite así, resulta muy satisfactorio”.
Florent es un fotógrafo francés de animales salvajes afincado en Finlandia.