"En realidad no me gusta mucho fotografiar atardeceres —admite el especialista en viajes Gábor Nagy—. Tampoco cielos azules despejados. Estas condiciones me parecen tan bonitas como a todo el mundo, pero no son lo que quiero capturar".
"Las fotografías que quiero hacer surgen cuando está lloviendo, nevando o hay niebla, o cuando estoy a 2000 metros en la escarpada ladera de una montaña y lucho contra los elementos —explica—. Estoy convencido de que, si tienes el coraje de sacar tu cámara y empezar a disparar en esas situaciones, encontrarás los momentos más gratificantes. Claro está que necesitas tener la cámara adecuada".
Junto con su jornada laboral habitual en una agencia creativa, la pasión de Gábor por la fotografía lo ha llevado a iniciar una segunda carrera en la que se dedica a proporcionar imágenes a agencias de viajes y de turismo. Además, cuenta con casi 50 000 seguidores en Instagram, y con todos ellos comparte su visión salvaje del mundo. "A mi público le gusta este tipo de vistas extremas —indica—. No obstante, aunque siempre me ha gustado hacer senderismo y escalada en lugares como los Dolomitas, los Alpes austriacos y el Alto Tatra (Eslovaquia), me empecé a llevar la cámara hace tan solo unos cinco años.
Esta pasión por el mundo salvaje es la que llevó a Gábor a Madeira, donde tomó fotografías e hizo vídeos con la nueva Sony Alpha 1. "Algunas de las imágenes que más me gustan de este viaje son las fotos nocturnas de la Vereda de Fanal, un antiguo conjunto de laureles sobre la meseta de una montaña, que crea una especie de paisaje de cuento de hadas surrealista, lleno de ramas torcidas —explica—. Es una zona muy popular entre los fotógrafos, así que yo prefería hacer algo diferente, como siempre".
"Llegué al bosque unas horas antes de que anocheciera —continúa—. Encontré una buena composición y esperé hasta que cayó la noche. Coloqué las luces RGB bajo los árboles y la cámara en el trípode; de esta manera, conseguí todo con un solo disparo. La mayor dificultad era conseguir una velocidad de obturación que captase los árboles sin movimiento a pesar del viento para que las hojas y las ramas no se viesen borrosas. Por suerte, gracias al alto rendimiento ISO de la Alpha 1, pude ajustar la sensibilidad a 6400 para conseguir una velocidad de obturación lo suficientemente rápida como para obtener unos resultados increíbles y sin ruido".
Al fotografiar por la noche y en todas las condiciones climáticas, el sellado y la facilidad de uso de la Alpha 1 también han impresionado a Gábor. "La Alpha 1 es perfecta, pues puedo hacer fotos bajo la lluvia, el polvo y la nieve y aun así seguir disfrutándola —dice—. También me encanta que el agarre sea más grande. Antes trabajaba con la Alpha 7R III, que era una cámara fantástica, pero si estoy todo un día tomando fotografías con un objetivo más grande como el FE 24-70mm GM o el FE 100-400mm GM, me resulta mucho más cómodo. También me da la sensación de que los botones tienen una respuesta más inmediata, algo fundamental cuando se trabaja en condiciones de frío y humedad".
La Alpha 1 también cuenta con una función inteligente que cierra el obturador y protege el sensor cuando se apaga la cámara, algo que a Gábor le entusiasma. "¡Así ya no tengo que limpiar constantemente el sensor cuando cambio los objetivos en situaciones con viento, polvo o lluvia!"
Al evolucionar en su trabajo y encontrar nuevas vías creativas y retos físicos, Gábor le está dando ahora una mayor prioridad al vídeo para sus clientes del sector turístico; una necesidad para la cual la Alpha 1 ha sido especialmente diseñada y, además, mejora el trabajo de los creadores híbridos. "El hecho de que con tan solo mover una rueda en la cámara ya pueda cambiar de vídeo de 8K a fotografías de 30 fps a 50 megapíxeles me parece una auténtica revolución —añade—. Además, el rango dinámico en los vídeos de 10 bits es tremendo, así que también he podido sacar un gran número de detalles en cielos y otras áreas sobreexpuestos".
"Pero creo que lo más útil es que puedo sacar instantáneas a 8K mientras estoy grabando un vídeo y editarlas posteriormente en profundidad, pues la calidad que necesito sigue estando ahí, en el archivo —señala—. Hay una foto mía sobre la cima de un acantilado que se tomó con el objetivo FE 100-400mm GM, con un encuadre a una distancia de unos 4 km y utilizando walkie-talkies para comunicarnos. Se tomó junto con la grabación y es absolutamente increíble".