El experto fotógrafo de bodas Jorge Miguel Jaime dice: “Intento prever las situaciones que van a suceder y asegurarme de estar preparado para capturarlas en un segundo, así que es muy importante para mí conocer a una pareja antes de su boda. No demasiado, pero sí lo suficiente como para poder captar cómo avanza su historia de amor”. Jorge siempre está preparado para capturar esos bellos momentos gracias a su Sony Alpha 7 IV.
Aunque la mayor parte de su trabajo es en color, Jorge sabe cuándo es el momento adecuado para pasar al monocromo.
“El uso del blanco y negro para mí no tiene nada que ver con la simplificación o la reducción de los colores, sino con la luz”, dice. “Así que en aquellas fotografías en las que el componente principal es la luz, paso al blanco y negro. En cierto modo, el aspecto documental de mi trabajo también se ve potenciado al trabajar en monocromo”, continúa. “Nada está escenificado y la veracidad es evidente. Siempre he adorado las imágenes en blanco y negro de los fotógrafos que han dado su vida para contar historias de la humanidad. Esas imágenes analógicas, su movimiento, su desenfoque y su grano, tienen una magia inconfundible, y eso es algo que sin duda querría que tuvieran también las mías”.
Un gran ejemplo de este planteamiento puede verse en esta imagen de una niña pequeña, que espera para llevar un ramo, “porque, ese día no se trata solo de los novios”, explica, “y quieren vivir aquellos pequeños momentos que sucedieron fuera del torbellino que han vivido. Tenía pensado hacer una foto de la novia en esta escalera cuando me fijé en esta niña, que se quedó sola un momento. Instintivamente, ajusté mi exposición para ver si ocurría algo y, efectivamente, se apoyó donde se cruzan las líneas de la esquina con una carita simpática que decía: ‘me habéis dejado sola’. Siempre que hay niños en una boda, va a ocurrir algo emotivo y me encanta estar allí para capturar el momento”.
Cuando se trata de fotografías “como esta, donde la luz es la protagonista, pueden ser mucho más satisfactorias y eficaces en blanco y negro”, continúa. “Esta la tomé en la orilla de un río, con la pareja colocada debajo de un rayo de sol. El fuerte contraste eliminaba cualquier detalle en las hojas en primer plano, así que hice que el flash incidiese un poco sobre ellas para mantener el equilibrio”. Envueltos en el bosque y en el afecto mutuo, “la concepción fue una pura historia de amor”, explica Jorge, “y creo que las hojas desenfocadas parecen mariposas revoloteando a su alrededor”.
Hay dos aspectos principales en la Alpha 7 IV de Sony que ayudan a Jorge a hacer fotos monocromáticas de bodas y sobre esa imagen de la ribera del río comenta: “Realmente confié en el rango dinámico de la cámara. Aunque dejé la imagen subexpuesta, se conservan gran cantidad de detalles en las sombras. Eso significa que no me asusta hacer el cálculo con las luces más brillantes y rescatar después los detalles de las sombras. Es algo que me sorprendió la primera vez que revelé una de estas fotografías, ¡me impresionó mucho!”
En segundo lugar, el inigualable AF de detección ocular de Sony enfoca hasta el momento más fugaz. “Para obtener resultados más nítidos con poca luz, y para que los fondos sean más limpios y las composiciones más eficaces, me gusta disparar cerca de la apertura total”, explica Jorge, “por lo que el AF de seguimiento (Tracking AF) en tiempo real de la Alpha 7 IV es vital. Con el enfoque puedo disparar con objetivos muy luminosos a aperturas como f/1.4 para conseguir un bonito aspecto cinematográfico y estar seguro de que la cámara no me va a fallar”.
En cuanto a su elección de objetivos, “el FE 35mm f/1.4 ZA es el objetivo maestro para una boda”, dice. “Me da una perspectiva perfecta para las tomas documentales y es lo suficientemente rápido como para mantener la velocidad de obturación alta y dejar fuera de foco las distracciones delante o detrás de mi sujeto. Durante una fiesta de boda, si es en una habitación pequeña o necesito acercarme a la gente, a menudo lo complemento con el FE 24mm f/1.4 GM, más amplio”, continúa. “Y también utilizo el FE 85mm f/1.8 para retratos más cercanos, porque es muy ligero y ofrece una gran calidad, mientras que la distancia focal más larga sigue dando esa poca profundidad de campo que quiero”.
Al final, gran parte del planteamiento de Jorge para hacer fotografías de bodas proviene de la experiencia personal y la comprensión. “Sé qué recuerdos son importantes para mi mujer María y para mí”, explica, “así que puedo ponerme completamente en la piel de la pareja. Por ejemplo, cuando nos casamos por segunda vez, fue una experiencia tan íntima, personal y alegre con nuestra familia y amigos, que hubo momentos en los que me sentí superado y no podía hablar. Esos son los momentos que más significan para nosotros, y cuando esos recuerdos se desvanecen, quedan las fotografías. La fotografía en sí misma es pura nostalgia y nuestras parejas se merecen los mejores recuerdos posibles. Para ello, necesito las mejores herramientas y eso es lo que me ofrece mi equipo de Sony”.