Cada uno tiene su propia opinión sobre una foto, pero cuando cuentas la historia que hay detrás, adquiere un significado completamente diferente. Esta es mi hija. Hace casi cuatro años, le diagnosticaron cáncer de hígado. Ahora se está recuperando y se encuentra bien. La foto la tomé en Ámsterdam, durante un paseo fotográfico, y, como de costumbre, mi hija estaba allí. No le hice ninguna indicación específica a la hora de hacer la foto. La coloqué delante de la pared, en un lugar muy concurrido, con gente caminando y hablando a su alrededor. Solo le dije: «Pon una pose, piensa en algo, sé una soñadora». No quería cargarla con sentimientos más pesados; solo quería plasmar mis propios sentimientos en esta foto. El día que nos enteramos de que tenía cáncer de hígado, todo nuestro mundo se detuvo. Es tan abrumador que te quedas completamente atónito cuando recibes una noticia así. Pero lo extraño es que, cuando miramos hacia fuera, todo el mundo seguía con lo suyo. Eso es lo más alucinante de recibir una noticia así: todo el mundo sigue con su vida normal. Las personas hablaban por el móvil, mientras esperaban de pie a cruzar la calle en el semáforo. Recuerdo a alguien comiéndose una hamburguesa, a otro fumándose un cigarrillo. Veía a gente ligeramente irritada por nada: por tener que esperar en un semáforo en rojo. Todas esas cosas que eran completamente normales. Y deseaba poder tener esa sensación: simplemente algo normal por lo que preocuparme, pero nada de eso importaba ya. Y eso es lo que quería mostrar y sentir con esta foto. Lo dice todo. Ella está de pie, inmóvil, posando, pensando en su futuro. Por eso la titulé «La soñadora», porque en esa situación te conviertes en un soñador. Solo puedes soñar con cosas positivas. Pero la visión de un soñador también puede ser una pesadilla. Caminas por la delgada línea que separa lo positivo de lo negativo, zarandeado de un lado a otro.
Tomé la foto con la cámara compacta RX1R III de Sony y su objetivo fijo de 35mm f/2; este objetivo ofrece una profundidad de campo preciosa, y su tamaño es importante para la fotografía callejera, ya que no quiero que la gente se dé cuenta de que llevo una cámara. La resolución de 61 MP me permite recortar la imagen sin perder la excelente calidad de la misma. La decisión técnica principal para la toma fue utilizar 1/30 s a f/2,0. No está completamente nítida —hay un ligero movimiento—, pero esa imperfección le viene bien a esta imagen, porque toda la historia gira en torno a la imperfección. Si estuviera demasiado nítida, demasiado limpia, demasiado perfectamente compuesta, no transmitiría la sensación que quería transmitir. Estoy muy orgulloso de mi hija: de lo fuerte que es, de cómo se enfrenta a la vida, de todo lo que la caracteriza y de que sea una soñadora. Por eso me siento muy orgulloso de hablar de esta foto.
"Algún día conseguiré el retrato perfecto. Uno que capture la emoción más pura. Este es el motivo que me lleva a ser cada día más exigente con mis fotografías"