He pasado las últimas semanas viajando por Chile y Bolivia, recogiendo imágenes de picos volcánicos, lagunas repletas de flamencos, las antiguas plantas de yareta —que parecen extraterrestres— y el salar de Uyuni, el espejo natural más grande del mundo, así como algunos de los cielos más oscuros que he visto jamás. Viajar por zonas tan remotas, donde reina un silencio profundo, es un lujo poco común en nuestro frenético mundo. Para mí, la fotografía de paisajes tiene que ver con la desconexión y, cuando me sumerjo en la naturaleza, todo lo demás comienza a ralentizarse. Parte de mi proceso consiste en pasar días esperando la luz perfecta y las condiciones adecuadas. Ese fugaz instante en el que todo encaja es una sensación que no puedo explicar; es un recordatorio de que la belleza primordial sigue existiendo mucho más allá de nuestras junglas urbanas, si tan solo encontramos la voluntad de buscarla.
En este viaje, tuve el placer de probar la Alpha 7R VI y ¡me quedé completamente impresionado! Mi enfoque sobre el terreno se centra en la exploración; quiero ser lo más ágil posible para descubrir composiciones únicas sin que un equipo pesado me frene. Gracias al IBIS de 8,5 pasos y al sensor de 66,8 MP, a menudo me veía prescindiendo del trípode, ya que el IBIS me permitía obtener resultados nítidísimos al disparar a mano alzada con velocidades de obturación lentas.
Nunca antes había tomado tan pocas imágenes en horquillado durante un viaje. El rango dinámico mejorado de 16 pasos me permitió capturar la mayoría de las escenas con una sola exposición, confiando en que el sensor conservaría cada detalle, desde las sombras más profundas hasta las luces más intensas. Gracias a la pantalla más luminosa, los botones retroiluminados para fotografiar de noche y la duración de la batería notablemente mejorada, la cámara me pareció menos un simple equipo y más una compañera que me dio la confianza necesaria para centrarme plenamente en el momento.
En la fotografía de paisajes, los momentos más impactantes suelen ser los más fugaces. La Alpha 7R VI elimina las barreras técnicas que se interponen entre ver un momento y capturarlo. Contar con 66,8 MP no solo permite realizar impresiones de gran formato, sino que ofrece la libertad creativa necesaria para reencuadrar y recortar una escena durante el posprocesamiento. Es como tener una «historia dentro de otra historia» en cada fotograma. Además, el increíble rango dinámico y el IBIS nos permiten dejar de preocuparnos constantemente por configurar el bracketing o utilizar un trípode y empezar a centrarnos en la parte creativa. Para los fotógrafos, esto significa ser más rápidos y reactivos, y al mismo tiempo poder capturar texturas y transiciones tonales como nunca antes.
Llevo casi una década utilizando la serie Alpha 7R. Aunque soy consciente de que cada actualización ha supuesto un avance significativo, el mes pasado estaba convencido de que la Alpha 7R V era la cumbre absoluta de lo que podía ofrecer una cámara para paisajes, pero este nuevo modelo me ha demostrado que estaba equivocado al ofrecer una experiencia superior en todos los aspectos. Lo que me parece más notable es que, a pesar de la profunda evolución técnica, la cámara mantiene esa familiaridad intuitiva en la que confío con la serie R. Esto me dio la confianza necesaria para reaccionar al instante ante los cambios de luz sin tener que replantearme mi flujo de trabajo. Se integra a la perfección en mi ecosistema Sony, pero ofrece un nivel de capacidad de respuesta y detalle que me hace darme cuenta de que no sabía hasta qué punto podía mejorar hasta que la tuve en mis manos.
Durante este proyecto, llevé la Alpha 7R VI al límite, desde los abrasadores +30 °C del desierto de Atacama hasta los gélidos -18 °C del Altiplano. A pesar del polvo, la nieve y la lluvia, la cámara no presentó ningún problema. Y bajo el resplandor cegador de las salinas, el nuevo visor electrónico, tres veces más luminoso que su predecesor, facilitó enormemente la composición de las tomas. Incluso la probé con fauna salvaje, y el rendimiento del autoenfoque fue excepcional; fue muy fácil conseguir un enfoque perfecto. Pero la verdadera marca de una herramienta profesional es que, cuanto más la utilizas, menos tienes que pensar en ella. Se convierte en una compañera fiable que funciona a la perfección en todo momento. No soy precisamente delicado con mi equipo, y necesito material que pueda seguir el ritmo exigente de los lugares remotos. Tener plena confianza en que mi cámara plasmará mi visión en una imagen, independientemente de las condiciones, es precisamente lo que me permite dar un paso adelante en mi trabajo.
Para este viaje, preparé un kit versátil de cuatro objetivos: utilicé el FE 12-24mm f/2.8 GM para resaltar el primer plano y crear una sensación de escala tridimensional, desde el primer plano hasta el fondo. Para mis sesiones de astrofotografía, el FE 14mm f/1.8 GM fue indispensable; es perfecto para panorámicas de la Vía Láctea. El FE 24-105mm f/4 G OSS me sirvió como mi fiable objetivo «todoterreno», permaneciendo montado en la cámara durante la mayor parte del viaje. Por último, decidí llevar el FE 70-200mm f/4 Macro G OSS II específicamente por su ligereza. En lugar de cargar con un objetivo más largo y pesado, confié en el enorme sensor de 66,8 MP para recortar las imágenes posteriormente si fuera necesario. Esta configuración me permitió capturar de todo, desde detalles macro íntimos, fauna salvaje y cielos estrellados hasta panorámicas impresionantes, todo ello con un equipo compacto.
El hecho de que no podamos controlar el tiempo es un elemento clave de la fotografía de paisajes. A menudo, las condiciones no son las que esperábamos, pero, personalmente, considero que cada salida es un éxito simplemente por la experiencia de estar en la naturaleza, y he aprendido a aceptar cualquier condición que se me presente y a sacarle siempre el máximo partido. Mi consejo es no obsesionarse con el pronóstico perfecto ni con las ideas preconcebidas; en su lugar, hay que dejarse llevar. Observa, conecta y reacciona. A veces, una toma dura solo una fracción de segundo y, en ese momento, necesitas un equipo en el que puedas confiar plenamente. Tras estas semanas en el Altiplano, puedo decir con toda sinceridad que esta es la mejor cámara que he utilizado nunca. Me siento increíblemente agradecido a Sony por permitirme dar rienda suelta a mi creatividad con ella.