El recorrido de cada persona hacia la fotografía de vida salvaje es distinto, aunque todos comparten un mismo impulso: el deseo de acercarse lo máximo posible a los animales que les inspiran. «En realidad, mi propio camino fue un poco aleatorio», comenta la fotógrafa de vida salvaje Georgia Barker. «Nací y crecí en Essex, pero de mis 20 a mis 30 años estuve la mayor parte del tiempo viajando y viviendo en el extranjero. Siempre me ha gustado la vida salvaje, igual que a cualquier persona normal. Aunque mi fascinación fue creciendo durante esos años, realmente no eclosionó hasta que conseguí mi primera cámara propiamente dicha y descubrí la multitud de formas que existen para acercarse a la naturaleza».
Esas oportunidades comenzaron cerca de casa, recuerda. «Había empezado a donar a la RSPB años antes, pero no pensé mucho en ello hasta que, un día, mi pareja y yo estábamos buscando algo que hacer. Entonces me di cuenta de que había una reserva llamada RSPB Fowlmere justo al final de la carretera, así que decidimos ir para allá. Fue increíble. Pasé todo el día en un observatorio y, por primera vez en mi vida, pude realmente fijarme en los pájaros. Quise captar esos momentos y las sensaciones que iban surgiendo, y todo creció a partir de ahí». Es cierto que todos vemos imágenes asombrosas de animales en la televisión o en internet, pero, como explica Georgia, quienes las crean no lo logran por casualidad. «Los fotógrafos profesionales de vida salvaje trabajan mucho para poder acercarse a los animales», comenta. «Acudir a una reserva es un paso en esa dirección. Te sitúa en un lugar donde es más probable presenciar algo espectacular, y trabajar desde un observatorio puede mejorar aún más esa experiencia. Por supuesto, no hay nada seguro –admite–, pero estos son lugares diseñados específicamente por expertos para brindarte mejores oportunidades». Desde luego, hay animales que no se pueden encontrar cerca de casa, y para ello es necesario un recorrido que incluya observatorios en lugares más apartados. «Realizar una visita guiada de vida salvaje es el siguiente paso después de haber estado en un observatorio de una reserva local», explica. «Eso es precisamente lo que hice recientemente para fotografiar osos pardos euroasiáticos en Rumanía. La visita guiada fue en colaboración con una empresa llamada Untravelling Paths, que aprovechó muchos conocimientos y experiencias locales. Fue una experiencia maravillosa, y yo misma no podría haberla planeado mejor». «No era la primera vez que veía osos, ya que viví en Canadá durante un tiempo», continúa, «pero sí la primera vez que los veía como fotógrafa de naturaleza. Fue impresionante, y resultó muy especial contemplar a una criatura así en su hábitat natural».
La última pieza del rompecabezas para acercarse a los animales es utilizar el objetivo adecuado, explica Georgia. Para fotografiar a los osos, recurrió al objetivo FE 400-800mm F/6.3-8 G OSS de Sony. «El 400-800mm es un objetivo extraordinario que te brinda un alcance increíble», afirma. «Permite acercarte a sujetos lejanos, y eso es importante por dos razones. En primer lugar, puedes apreciar todos los detalles del animal, porque eso es lo que te permite valorar realmente su belleza. Pero, aún más importante, te permite mantener la distancia, evitando influir en su comportamiento o ponerlos en peligro». «Cuando compruebas hasta qué punto una distancia focal de 800 mm puede mejorar la fotografía de vida salvaje, te das cuenta del enorme valor de este objetivo», prosigue. «Además, ofrece una nitidez excepcional». El nivel de detalle es tan preciso que pude contar los pelos del pelaje de los osos en mis fotos, todo ello desde un escondite situado a decenas de metros de distancia».
En esta ocasión, Georgia contó con el cuerpo insignia Alpha 1 II de Sony detrás del objetivo, lo que le permitió trabajar sin dificultades en la penumbra del bosque de los osos. «La resolución y la calidad de imagen de la Alpha 1 II son extraordinarias, así que poder usarla para fotografiar un sujeto tan impresionante fue perfecto», afirma. «Estaba bastante oscuro cuando aparecieron los osos, y quería una velocidad de obturación rápida para mantener los detalles nítidos, lo que implicaba subir el ISO a valores como 1600, pero la cámara lo gestionó perfectamente».
Ya sea cerca de casa o en destinos más lejanos, para Georgia sus experiencias con la vida salvaje han aportado beneficios que van mucho más allá de la obtención de imágenes extraordinarias. «Vivimos en tiempos ajetreados y atareados –explica–, pero observar la vida salvaje es una oportunidad para encontrar calma y serenidad. Nos permite detenernos y apreciar el mundo, y hoy en día no abundan las ocasiones para hacer eso». «Y la palabra “experiencia” es fundamental en este sentido –concluye–, porque creo que es imposible percibir realmente los beneficios de acercarse a la naturaleza, ya sea para uno mismo o para la fotografía, sin encontrarse físicamente en la situación adecuada. Cuanto más te acercas, más emoción sientes, y eso es lo que realmente importa».