Ismaele comenzó como fotógrafo de vida salvaje, con trabajos publicados en revistas internacionales y reconocidos en concursos como Nikon y National Geographic. Tras mudarse a Tromsø, se centró en la cinematografía ártica. Sus dos primeros cortometrajes documentales ganaron premios en festivales internacionales y se emitieron en la cadena nacional italiana RAI. «Arctic Blue», su primer largometraje, está en fase de producción con el apoyo de NFI, FFN y otros. Fue desarrollado mediante EsoDoc y Documentary Campus, y ha ganado premios importantes en North Pitch y Wildscreen 2024. En 2025 estrenó «Stone Biter», un nuevo cortometraje que contó con el apoyo de My World Film Grant. También trabaja como director de fotografía independiente y piloto de drones para BBC NHU, Silverback, Plimsoll y DocLights, con trabajos emitidos en Netflix, BBC Studios, SVT, NDR y ORF.
¿Cuál fue la chispa o inspiración inicial de tu película?La película comenzó con un sueño personal: sumergirse bajo la superficie del Ártico y filmar al pez lobo entre exuberantes bosques de algas marinas. Pero lo que encontré fue un lecho marino estéril, despojado de vida debido a una plaga de erizos de mar. Esa conmoción se convirtió en la chispa. Me sentí obligado a entender qué había sucedido y, sobre todo, qué se estaba haciendo al respecto. Ese momento de desilusión fue el punto de partida de la historia.¿Puedes contarnos un poco sobre la historia: qué temas o emociones querías explorar?«Stone Biter» explora la tensión entre pérdida y esperanza. Es un viaje a través de un ecosistema en vías de desaparición, pero también una búsqueda de resiliencia, tanto humana como ecológica. Quería captar no solo la crisis ambiental, sino la determinación silenciosa de quienes intentan revertirla. Se trata de dar testimonio y decidir actuar, incluso cuando los pronósticos parecen abrumadores.
¿Cómo evolucionó la idea desde el concepto hasta el guion? ¿Influyó la propia cámara en la historia? En un principio era una sencilla historia de vida silvestre: solo yo, el pez lobo y las algas marinas. Pero, al comenzar a filmar, la ausencia de vida se convirtió en la narrativa principal. La cámara se transformó en una herramienta no solo para documentar, sino también para investigar. Me condujo hacia buzos, científicos y comunidades que trabajan bajo la superficie, tanto literal como metafóricamente. El guion surgió de ese viaje, adquiriendo un carácter más receptivo de lo inicialmente planeado.¿Cuál fue el mayor desafío durante la producción y cómo ayudó el equipo a resolverlo?El mayor reto fue rodar en las aguas árticas: frías, inestables y con frecuencia de visibilidad muy limitada. El tiempo y la preparación fueron esenciales. Confié muchísimo en las cámaras Sony, ligeras y aptas para condiciones de poca luz, junto con carcasas subacuáticas compactas que me permitían ser rápido, silencioso y receptivo bajo el agua. Sin ese tipo de equipo, no habría podido capturar los delicados detalles del ecosistema ni los momentos íntimos con las personas que trabajan en su restauración.
¿Hubo alguna característica concreta de la cámara que te ayudara a conseguir un aspecto o atmósfera específico?Sí: crear un tono visual meditativo e inmersivo era fundamental para «Stone Biter». Grabar en S-Log3 tanto con la Alpha 7S III como con la Alpha 7 IV de Sony me permitió conservar detalles tanto en zonas de sombras como de luces, brindándome flexibilidad para definir la atmósfera de la película en la fase de posproducción. Utilicé el códec XAVC S-I, grabando en 4:2:2 de 10 bits, lo que proporcionó archivos increíblemente detallados para la gradación de color. El control de profundidad de campo del sensor full-frame facilitó el aislamiento de texturas delicadas, como algas marinas y erizos de mar a la deriva, añadiendo intimidad y carga emocional a cada fotograma.¿Cómo se comportó la cámara en condiciones difíciles: poca luz, movimiento rápido, entornos fríos?En esas condiciones, el rendimiento fue excepcional. Bajo el agua, la Alpha 7S III con su ISO nativa dual, especialmente a 12 800, fue decisiva para conseguir metraje útil y detallado con muy poca luz, fundamental en las aguas árticas donde la luz natural es mínima. Sobre la superficie, el seguimiento del autoenfoque de la Alpha 7 IV mostró una precisión increíble al seguir a sujetos en movimiento, como científicos y buceadores locales. También me gustó mucho el modo de recorte en 4K de la Alpha 7 IV, que me permitía cambiar rápidamente la distancia focal sin cambiar de objetivo, añadiendo flexibilidad en escenas dinámicas.
Ambas cámaras funcionaron de manera impresionante en el frío entorno ártico. Las baterías NP-FZ100 de Sony fueron fundamentales: pude grabar sesiones prolongadas, incluso bajo el agua, sin preocuparme por un posible fallo de batería debido a las gélidas temperaturas.¿Qué tipo de configuraciones de objetivos, micrófonos y equipos utilizaste con las cámaras? ¿Abrieron nuevas posibilidades visuales?Trabajé con una gama de objetivos de Sony para conferir a la película un amplio rango visual. Para el trabajo subacuático, el FE 28-70mm F/3.5-5.6 resultó compacto y flexible. En la superficie utilicé el FE 24-70mm F/2.8 GM II como objetivo principal tanto para entrevistas como para escenas de observación, mientras que el FE 100-400mm F/4.5-5.6 GM OSS, junto con el telepconversor de 1.4x de Sony, me permitió comprimir paisajes y capturar comportamientos de fauna distante. La nitidez, la estabilización y el rápido autoenfoque de todos estos objetivos fueron clave para adaptarme rápidamente al terreno, ya fuera en tierra firme, desde un barco o bajo el agua. Para el sonido empleé el micrófono ECM-B10 de Sony, que ofrecía una calidad de audio sorprendente para un formato tan compacto. Gracias a su diseño ligero pude mantener una configuración rápida y portátil, algo crucial para un cineasta en solitario que trabaja en condiciones imprevisibles del Ártico. Contar con un sistema compacto e íntegramente de Sony me permitió mantener la movilidad y la capacidad de respuesta sin comprometer la calidad.
¿De qué manera la calidad de imagen y la ciencia del color favorecieron el tono de tu película?La ciencia del color de Sony me proporcionó la paleta natural y discreta que buscaba. En el Ártico, la luz suele ser suave, difusa y de bajo contraste, condiciones que requieren un tratamiento sutil. Las cámaras reprodujeron estos tonos a la perfección, sobre todo los tonos de piel y los matices submarinos. Los archivos eran lo suficientemente sólidos como para ofrecerme un control creativo total en la gradación, sin dejar de ser fiel al entorno. Ese realismo fue esencial para comunicar la silenciosa urgencia de la historia: una historia de pérdida, resiliencia y frágil esperanza.¿Qué consejo darías a otros cineastas que quieran experimentar con equipos Sony?Que confíen en el sistema: está diseñado para brindar flexibilidad y creatividad. Tanto si grabas en medio de la ciudad o bajo el hielo del Ártico, el equipo Sony te ofrece herramientas que se adaptan a tu visión sin obstaculizarla. Mi recomendación es que aprendan a sacar el máximo partido de funciones como S-Log3, ISO dual, modo de recorte en 4K y autoenfoque en tiempo real, pues pueden abrir nuevas posibilidades, especialmente en entornos remotos o que cambian con rapidez. También, que no subestimen el valor de la portabilidad y la duración de la batería, sobre todo cuando se filma en condiciones extremas. Cuanto más desaparezca el equipo, más podrás concentrarte en contar la historia.
CréditosVídeo entre bastidores
Vídeo sobre belleza