La música es cruda y abrasadora, una sensación que se siente tanto como se oye. El público se apiña en la oscuridad en un ritual de movimiento, dejándose llevar por una sobrecarga sensorial. Entre ellos, Alex Verhalle se mueve, buscando únicamente los momentos que encierran toda la energía underground y la autenticidad de esta experiencia de techno oscuro.
Y, al igual que la música, es totalmente intransigente. Sus imágenes son una celebración oscura y llena de textura, repleta de sombras intensas, movimientos provocadores, reflejos brillantes y sudorosos, y la energía cruda e imparable de esa cultura. «La música es mi primer amor», afirma, «y siempre ha estado presente en mi vida. La fotografía es mi forma de entenderla y celebrarla. Es mi reacción y, para mí, siempre tiene que ser sincera. Las fotos que hago tienen que ser reales, no preparadas, y sin posados. El proceso consiste en celebrar la emoción pura de las personas que viven esos momentos intensos».
«Si tuviera un superpoder, sería el de la invisibilidad», explica Alex. «No me gusta que me vean, porque en esa simple interacción, el momento que busco puede cambiar o incluso desaparecer. Quiero fotografiar a una persona que se deja llevar por la música, no a alguien que está fingiendo. O, lo peor de todo, a alguien a quien he sacado de su experiencia. Me pongo en su lugar. Una foto nunca debería hacerse a costa del momento». «Lo que me ayuda», dice Alex, «es que soy bastante pequeño, así que puedo moverme sin que me vean la mayor parte del tiempo, y, por supuesto, la oscuridad de estos entornos también ayuda. Además, trabajo mucho como se esperaría de un fotógrafo callejero, rara vez llevándome la cámara al ojo, lo que puede llamar la atención. En su lugar, encuadro desde la altura del pecho o la cintura».
Otra faceta del enfoque sincero de Alex reside en su uso inquebrantable del blanco y negro. «Irónicamente», afirma, «las imágenes monocromáticas no suelen funcionar tan bien en las redes sociales, pero para mí es la forma más eficaz de mostrar la intensidad y la emoción de los eventos techno. Y se ha convertido en mi sello distintivo. Tiene una calidad documental, lo que quiere decir que hay verdad en ello, aunque el monocromo sea esencialmente una abstracción». «Es más», continúa, «en estos entornos, el color de las luces y los láseres es incontrolable. El diseñador de iluminación puede estar haciendo un trabajo excepcional, pero si hay algún tono o reflejo determinado que se interpone en la historia, a mí me supone un problema. Quiero centrarme exclusivamente en la pureza del contraste, las sombras y las formas. No quiero distracciones, solo emociones».
La búsqueda de Alex de conexión y verdad también se extiende a la forma en que utiliza su Alpha 1 II de Sony. «A pesar de las difíciles condiciones de disparo con poca luz y mucho movimiento, trabajo en modo manual, como siempre he hecho», explica. «Abro al máximo la apertura para captar hasta la más mínima luz del lugar, y utilizo ISO muy altos, como 6400, sabiendo que la cámara los maneja con facilidad. Eso me da velocidades de obturación de 1/160 s, lo suficientemente rápidas como para evitar un desenfoque excesivo, pero que también aportan una sensación natural al movimiento en el encuadre». También prefiere enfocar manualmente, utilizando el enfoque por distancia y ajustando instintivamente objetivos como su FE 14mm f/1.8 GM a la distancia adecuada, al igual que un fotógrafo urbano tradicional. «Trabajar de esa manera es otra forma de pasar desapercibido», explica Alex, «y si un bailarín no sale perfectamente nítido, la imagen puede seguir teniendo un gran valor».
Tras haber cambiado recientemente de un sistema DSLR a uno sin espejo, Alex ha notado una ventaja en cuanto al peso. «Mi equipo Sony es más ligero que el que tenía antes, pero el esfuerzo físico que supone usar una cámara toda la noche nunca me ha molestado; se trata más bien de lo que puedo llevar como equipaje de mano. Antes me preocupaba mucho no tener mi equipo conmigo, pero ahora ya no tengo por qué hacerlo». Alex también ha encontrado que las funciones de personalización de la Alpha 1 II son tremendamente útiles. «Lo primero que hice fue ajustar los diales exactamente a lo que estoy acostumbrado», dice, «lo que significa que en cuestión de segundos pude usarla de forma instintiva. La configuré para disparar en JPEG en blanco y negro, y enseguida me puse manos a la obra, como si la tuviera desde hacía 10 años».
«Me gusta estar presente y actuar con intención, y aunque muchos fotógrafos hacen miles de fotos en estas situaciones, yo solo hago unas cien, la mayoría de las cuales acabo utilizando. No busco la perfección. El resultado es importante, pero aún más lo es el proceso que me ha llevado hasta él. Y, en última instancia, eso es algo que debería poder percibirse en las fotos».