En lo profundo de la selva boliviana, la cadena trófica del bosque está en constante lucha, y la noche añade nuevos desafíos tanto para los cazadores como para las presas. Pero para el fotógrafo de animales salvajes y naturalista Javier Aznar, se trata de una oportunidad única.
“Cuando trabajamos en la selva empezamos a caminar al atardecer y continuamos durante toda la noche”, explica, “y aunque aquel atardecer estaba fotografiando víboras para un proyecto sobre los peligros que corren los indígenas debido a las mordeduras de serpiente, encontrarme con esta boa arborícola descansando tranquilamente a la luz de la luna fue una grata sorpresa”.
Encuadrando la boa con la luna llena detrás y utilizando el flash para iluminarla, Javier mezcla elementos de comportamiento con una belleza sencilla e impactante. “Siempre que me encuentro con un animal como este, intento mostrarlo de una manera que sea honesta y atractiva”, explica. “Aquí quería ilustrar cómo caza principalmente de noche, incrementando a la vez su atractivo. Aunque las serpientes no suelen despertar especial simpatía, son depredadores de alto nivel que hay que proteger, puesto que, de lo contrario, todo el ecosistema se resentirá”.
¿Cómo configuró Javier su Alpha 7R IV y su objetivo FE 20 mm f/1.8 G de Sony para conseguirlo? “Gracias a la luna, había bastante luz”, recuerda Javier, “así que la tarea consistía en enfocar la boa y añadir el flash de forma que la escena se mantuviera natural y equilibrada. Practico mucho, así puedo saber qué ajustes funcionarán y puedo reaccionar ante las oportunidades”.
“Ajusté la potencia del flash a un nivel bajo para que no fuera intrusivo», continúa, “y la apertura f/14 ayudó a reducir la luz artificial, al tiempo que mantenía el enfoque de la escena. Al disparar desde un trípode, la velocidad de obturación de 30 segundos permitió que la luz natural de la luna se mostrara con fuerza, y utilicé un difusor en el flash para adaptarlo a su suavidad”.
Explicando cómo las dos fuentes de luz se combinan a la perfección, Javier añade: “Como es más potente que la luz ambiente en esa parte del encuadre, y su duración es tan corta, el flash congela el sujeto sin que quede borroso, a pesar de usar una velocidad de obturación larga”.
Una característica clave que le ayudó fue el modo de ajuste del brillo de la cámara, continúa. “Cuando trabajo en la oscuridad, ilumina el visor sin modificar la exposición, ayudándome a componer cuando no se ve nada. Las funciones de enfoque de la Alpha 7R IV en condiciones de oscuridad también fueron vitales. Siempre utilizo el modo lupa de enfoque, configurado en un botón del cuerpo de la cámara, que me permite comprobar rápidamente si es correcto”.
El objetivo FE 20 mm f/1.8 G no suele asociarse con la fauna salvaje, “pero para imágenes como esta es perfecto”, dice Javier. “El campo de visión amplio me ayudó a añadir contexto, manteniendo la profundidad y la nitidez, y me permitió dar a esta boa mucha presencia en el encuadre”.
Tras cuatro o cinco imágenes, Javier siguió buscando víboras, más que satisfecho con su trabajo. “Las boas suelen estar ocultas por la vegetación o bien están demasiado altas en las copas de los árboles para que se puedan ver”, termina, “así que poder acercarse a una y mostrar a esta magnífica criatura en condiciones, fue un placer inusitado”.
"Para conservar lo que tenemos, primero debemos conocer y amar lo que podemos llegar a perder y la fotografía es un medio muy útil para sensibilizarnos y mostrar lo que nos rodea. Con mi cámara intento mostrar los animales en su forma más pura, desde un punto de vista biológico y artístico al mismo tiempo"