Enfoque

Gábor Nagy | La cierva en el viñedo

La foto representa un momento increíble para mí. En 2020, en plena pandemia, tuve la suerte de mudarme con mi familia a la casa de vacaciones que teníamos en el campo cerca del lago Balatón, en Budapest (Hungría). El lago es el más grande de Centroeuropa y la casa está situada al norte, en una zona con colinas y unas vistas maravillosas. La casa era de mis abuelos, por lo que me encantó poder volver a visitar lugares que recordaba del pasado. Me pasaba el tiempo en las colinas, deambulando por los bosques o paseando en bici. Siempre llevaba conmigo una de mis cámaras Sony para capturar detalles o momentos interesantes del día.

Cada día me proponía fotografiar algo diferente al día anterior. Durante varios días me concentré especialmente en los viñedos. Esta región tiene montones de bodegas por todas partes, pues su ubicación es idónea para el cultivo de la uva. Sabía que todas las mañanas se podían ver ciervos deambular entre las hileras de vides, así que iba despacio y en silencio con la bici, comprobando cada hilera. Tenía mi Alpha 7R III de Sony en la mano, con el FE 100-400 mm f/4.5-5.6 GM OSS acoplado y el dedo listo en el obturador.

Y una vez, resulta que vi a la cierva de la imagen: estaba ahí parada. Sé por experiencia que cuando te quedas inmóvil y no haces ningún ruido, se quedan quietos y te observan. Si no te mueves, ellos tampoco lo hacen. Fue una locura de experiencia. Tenía el obturador de la cámara activado en modo silencioso, algo esencial, puesto que aunque estaba disparando a 400 mm, sus oídos eran sensibles al más mínimo sonido. También disparé cámara en mano, confiando en la estabilización SteadyShot del objetivo y de la cámara para disparar a 1/125 de segundo. Sin el obturador silencioso y el SteadyShot, no habría podido conseguir esta toma.

cierva inmóvil en un viñedo © Gábor Nagy | Sony α7R III + FE 100-400mm f/4.5-5.6 GM OSS | 1/125s @ f/5.6, ISO 250

Apenas me moví, y permanecimos cara a cara durante al menos 30 minutos. Hice muchas fotos y también algunos vídeos, pero lo más divertido fue ver cómo movía los ojos y las orejas. Se ve que sentía curiosidad por todo lo que la rodeaba. Fue una experiencia que me marcó, y una vez que capturé las imágenes y las cargué en mi tarjeta SD, me fui en silencio y con calma. No quería estresarla.

Mientras editaba la imagen, me quedé impresionado por la cantidad de detalles que la Alpha 7R III y el 100-400mm habían logrado capturar. Pude ampliar la imagen y hacer zoom para ver todos los matices de los ojos de la cierva. La tecnología me hizo apreciar a este magnífico animal aún más de lo que podía a simple vista.

Ahora, cada vez que vuelvo a mirar la imagen, me viene a la memoria ese precioso instante que compartí con la cierva.

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